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Un cambio de concepto: grupo profesional frente a categoría

Laboral

Lo que técnicamente se conoce como “movilidad funcional” es una fórmula de flexibilidad para la organización empresarial que limita seriamente la capacidad de un trabajador de negarse a realizar una tarea por no ser parte de aquellas para las que fue contratado.

No debemos olvidar que cuando se perfecciona un contrato de trabajo uno de los elementos básicos es la categoría profesional que es una parte de los elementos que ayudan a definir cuál es el contenido del contrato de trabajo. Si el contrato de trabajo es para la categoría de chófer, el empresario supone (en este caso concreto lo común es que tenga la certeza) que el trabajador tiene vigente el carnet que le habilita para conducir el camión y el trabajador supone que las tareas que va a realizar son las de conducir, no las de barrer la oficina. Esa concreción de la prestación a través de la categoría se traslada a terceros y a posibles discusiones sobre la capacidad de la empresa de encomendarle tareas que no tienen relación con aquellas por las que se contrató al trabajador. Y el artículo 20 del Estatuto de los Trabajadores, no lo olvidemos, vincula el poder de dirección del empresario y la diligencia del trabajador a la realización del trabajo convenido.

La reforma del artículo 22 del Estatuto de los Trabajadores modifica este orden de las cosas. Esto de las categorías es tan parte de nuestra forma de enfocar la relación de trabajo hasta ahora que incluso existe una forma de protesta – la huelga de celo- basada en el cumplimiento escrupuloso de lo estipulado en el contrato, negándose el “huelguista” a hacer nada más allá de su horario o de sus atribuciones. Curiosamente, las huelgas de celo causan grandes problemas a las empresas y debiera ser sorprendente que éstas funcionen de forma más fluida cuando sus trabajadores no se toman del todo en serio las ordenanzas que regulan las tareas que realizan. De donde la empresa debiera colegir que los reglamentos u ordenanzas están mal o que su funcionamiento habitual transita entre la chapuza y la anarquía. Son tipos de protesta comunes, por ejemplo, entre los pilotos, los profesionales de la sanidad o del transporte.

En muchos sectores los sistemas de clasificación profesional son muy complejos y en casi todos peculiares. Tanto que se podrían considerar para iniciados, ya que pocas personas ajenas al ámbito del manipulado y envasado de cítricos, frutas y hortalizas sabrán sin consultar a Google qué es un capaceador/a, triador/a, flejador/a; o a qué se dedica en concreto un pulimentador o un oficial trazador del convenio de fabricantes de ataúdes; o cómo se distingue en un restaurante o un hotel a un marmitón, a un pinche, a un fregador o al personal de platería. Es por eso por lo que el artículo 22 del ET habla de la negociación colectiva y del acuerdo, porque el legislador no abarca semejante diversidad. Pero cita a la negociación y la definición del grupo profesional: “Se entenderá por grupo profesional el que agrupe unitariamente las aptitudes profesionales, titulaciones y contenido general de la prestación, y podrá incluir distintas tareas, funciones, especialidades profesionales o responsabilidades asignadas al trabajador”, eliminando la referencia a la categoría. Y el proceso de revisión debe estar terminado en febrero del año 2013.

Los sistemas de clasificación profesional intentan unir la formación y profesionalidad necesarias para cada tarea con la tarea en concreto. Desde esa clasificación se teje el entramado de los ascensos, de los salarios, etc. La categoría laboral definía la posición del trabajador en la empresa en un conjunto relativamente pequeño de tareas y responsabilidades con respecto a categorías inferiores y superiores, aunque fuesen del mismo grupo. Cuanto mayor sea el conjunto en el que esté encuadrado, esta posición se verá diluida y será mayor la polivalencia que directamente le pueda exigir el empresario, ya que no habrá amparo en la movilidad funcional encuadrable en el artículo 39 del Estatuto de los Trabajadores el pasar a hacer otras funciones de las inicialmente pactadas siempre que pertenezcan al mismo grupo.

Todos estos cambios, obviamente, tienen su límite en el respeto a la dignidad del trabajador, y en la medida en que el empresario sea consciente de que un trabajador es inversión y no gasto, lo racional es dedicar a cada trabajador a aquello en lo que es más eficiente y eficaz.

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