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El contingente de temporeras de la fresa

jornaleras
Extranjería

Hace apenas un par de días la prensa se hacía eco del intento de “devolución masiva” de unas cuatrocientas jornaleras marroquíes que estaban trabajando en la campaña de la fresa en Huelva, una semana antes de que terminase su contrato.

Lo de la devolución va entrecomillado porque no se trataba de trabajadoras en situación irregular con un expediente de expulsión tramitado por la administración, se trataba de trabajadoras con contrato en vigor, contratadas por empresarios que pretendían que regresaran a sus casas antes de tiempo para que no pudiesen ratificar las denuncias que habían hecho por incumplimiento de las condiciones laborales (lamentablemente también había denuncias por acoso y agresión sexual). La Guardia Civil intervino para evitar que abandonasen el país en contra de su voluntad.

El trabajo en el campo es el tipo de ocupación en el que aún se emplea la contratación en el extranjero por medio de los contingentes. El contingente es una herramienta de control de los flujos migratorios que se pone a disposición de sectores concretos que puntualmente necesitan un número significativo de mano de obra.  El mínimo (salvo contadas excepciones) es una oferta a 10 personas y la oferta es genérica. Se dirige a países extra comunitarios con los que España tenga firmados convenios de flujos migratorios (Ucrania, Marruecos, Ecuador, Colombia, Mauritania, República Dominicana).  Las ofertas se pueden hacer desde agrupaciones de empresarios que no encuentran la cantidad de personal necesario para sacar adelante una tarea concreta que suele estar concentrada en un período de tiempo determinado. Los trabajadores están unos meses en España y luego vuelven a origen. Si no vuelven, no pueden participar en posteriores contingentes.

En el caso de la fresa onubense, de unos años a esta parte se piden mujeres, con el argumento de que son más delicadas en la recolección del fruto. Preferentemente con familia a cargo, familia en su país de origen, para tener la certeza de que regresarán y no pasarán a la irregularidad administrativa. Quien las contrate debe hacerse caso de traslados, alojamiento, manutención y condiciones laborales dentro de la legalidad del sector. El alojamiento, según denuncian las trabajadoras, se hace en las mismas fincas, tirando a chabolista. El salario llega a cuenta gotas, especialmente el del último mes … todo contando en que es difícil que reclamen, (otro idioma, otro país, mujeres con formación muy básica y condicionantes culturales de sumisión …), es difícil que la inspección las encuentre en el medio de los campos (la contratación en sí es legal, se cotiza por ellas), es difícil que los sindicatos lleguen a contactar con las trabajadoras.

La emigración legal y regulada no es la panacea si los empresarios desde España la usan para rebajar las condiciones laborales .

 

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