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Pensiones: entre el timo de la estampita y el cuento de la lechera

Laboral

El Gobierno ha anunciado que va a incrementar las pensiones de jubilación. Como mínimo, un 0,25% anual. Cualquier cantidad que supere el 0% es un incremento desde el punto de vista de las matemáticas, habrán pensado. Eso estaría bien si el valor de la moneda permaneciese estable, esto es, si tuviésemos la garantía de que un euro siempre nos permite comprar la misma cantidad de fruta, de leche, de carne, de medicamentos, de libros… pero resulta que eso no es así, que la moneda no es un valor estable, por lo que ya una ley (general de la Seguridad Social) estableció que esas rentas serían “revalorizadas al comienzo de cada año, en función del correspondiente índice de precios al consumo previsto para dicho año”. Y aquí había varias opciones: o cambiamos el IPC – que influye en demasiadas cosas- o cambiamos la norma. Y nada mejor que cambiar la norma formulándola en positivo: las pensiones se incrementan un fijo de 0,25% en los malos tiempos. Los precios se incrementan mucho más, pero es que no se puede tener todo.

Las pensiones van a estrenar el “índice de revalorización”, encargado de salvaguardar que la cantidad que se dedica a pensiones sea asumible para las arcas del estado. Para garantizar tal cosa, se ha acudido a las matemáticas. Ojo, que las matemáticas como operación son neutras, pero no lo son las variables que se introducen para operar.

El nuevo cóctel matemático -que lo mismo no es todavía definitivo-  lleva:

a) Variación interanual de la pensión media del sistema de cada año, antes de aplicarle la revalorización. Ojo aquí, que no es lo mismo media, que moda, que mediana, no se pierdan la estupenda explicación de Clara Grima

b) Velocidad de ajuste, que son los años en los que cada Gobierno puede trasladar el esfuerzo presupuestario, según haya déficit o superávit, y que se fijará entre tres y cuatro años.

c) Ingresos y gastos del sistema de Seguridad Social, matizado por su incremento o descenso anual en los cinco años anteriores, el ejercicio en curso y las previsiones para los cinco posteriores. Han leído bien, se hace una fórmula matemática superexacta que incluye predicciones a 5 años. Los ingresos y gastos de la Seguridad Social tampoco están definidos al céntimo. En un momento dado puede incluirse como gasto o ingreso algo que no lo era.

d) Tasa de variación anual del número de pensiones contributivas, contando la media de los cinco años anteriores, el año en curso y las previsiones de los 5 siguientes. Volvemos a los tiempos de vender la leche para comprar pollitos, para … ya saben cómo acaba.

Por si la cuenta saliese a pagar, y dado que hacer devolver parte de las pensiones a los jubilados podría suponer un fuerte golpe electoral, se determina un suelo (el  0,25%) y un techo (y aquí vuelve el  IPC, ya que el tope será el IPC de diciembre de ese año más un 0,25%). En resumen, en un año de bonanza, con superávit en las cuentas de la seguridad social desde hace 5 años y con previsión de que se mantenga otros 5, lo mismo la pensión de jubilación sube el IPC más un 0,25%. De no ser así, las pensiones siempre irán por detrás del IPC.

Además, a partir del 1 de enero de  2019 las nuevas pensiones tendrán una factor más de corrección que relacionará la cuantía de la prestación con la esperanza de vida que se le supone a la generación del perceptor en el momento de cumplir los 67 años. Este factor se revisará cada cinco años en función de la evolución de la esperanza de vida cada lustro. Lo que aún no se sabe es cómo integrarán la diferencia de esperanza de vida que hay entre hombres y mujeres.

Al principio del verano, cuando se empezó a tratar el tema de las pensiones por extenso en los medios, un amigo biólogo me decía en una cena que estaba convencido que la esperanza de vida iba a descender. Con independencia de los avances médicos, entendía que las generaciones nacidas de los años 60 en adelante tendrían una esperanza de vida más corta al padecer trabajos más sedentarios, haberse alimentado con más colorantes y conservantes y haber sido sometidos a una menor selección natural (mortandad infantil reducida, atención sanitaria que prolonga la vida a los enfermos crónicos…), esto es, que nuestros mayores son muy resistentes a las penalidades y nosotros lo seremos menos. Me quedé con el argumento, sin debatirlo mucho (procuro no cenar en foros en los que los argumentos son de expertos marca Hacendado, por lo que no opino cuando no lo tengo claro). El Consejo Económico y Social relataba un mes después que la esperanza de vida en España ha disminuido, si bien es de las más altas de nuestro entorno. Lo mismo en el 2019 se decide que ese factor no es tan importante.

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