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Toreros y accidentes de trabajo

Laboral

Juan José Padilla, matador de toros de profesión, ha sufrido recientemente un aparatoso accidente laboral. No es el primero que sufre, en el desempeño de una tarea que está considerada un trabajo y regulada bajo el Convenio Nacional Taurino. Afortunadamente para él,  y para las estadísticas de los accidentes laborales en España, parece que su recuperación es satisfactoria y que puede volver al trabajo con una cantidad no desdeñable de puntos de sutura.

El mundo del toro tiene el accidente con riesgo personal tan asumido que en las corridas con uno o dos espadas se ha habilitado la figura del sobresaliente, una suerte de sustituto de los que se hayan accidentado durante la lidia, bien dispuesto a accidentarse a su vez con el mismo animal que ya ha mandado a la enfermería pocos minutos antes a un compañero de igual (o mayor) pericia profesional.

Para los toreros levantarse y seguir toreando no es una cuestión de pasión por el arte, épica y mística…, sobre todo, es una cuestión de economía actual y caché para temporadas posteriores.

Torear en 37 plazas les hace matadores de Grupo A, cobran más (solo en concepto de gastos generales hay 1.500 euros de diferencia por corrida) y están obligados por Convenio Colectivo a mantener una cuadrilla fija de 7 personas durante toda la temporada: El Fandi , Juan José Padilla , Sebastián Castella , Morante de la Puebla , Manuel Escribano , Alejandro Talavante , Miguel Ángel Perera , José María Manzanares , Enrique Ponce y El Juli..

Maś de 13 actuaciones y menos de 37 les ponen en el Grupo B. Como los tenistas, lo que puedan ganar esta temporada está muy condicionado por su desempeño en la anterior. El matador opera (ya sea como persona física o a través de una empresa) como jefe de cuadrilla con el que contrata el empresario taurino. Dejar pasar semanas sin torear supone perder mucho dinero en lo que a ingresos como matador se refiere, y hay obligaciones que atender. Hablar de prevención de riesgos en el mundo del toro es un absoluto despropósito. La base de la prevención es eliminar el riesgo y la base del toreo es arriesgarse. No por ser un héroe abnegado ni cosa semejante. Es parte de la profesión escogida en la que, en los niveles superiores, no se ganan nada mal la vida a base de ponerla en riesgo para regocijo de un público ávido de emociones fuertes sobre el peligro ajeno.

Pocos uniformes de trabajo son menos apropiados para enfrentarse a un animal de 500 kilos con pitones bien armados que unas zapatillas de andar por casa negras, dos pares de medias (unas blancas y otras de color), unos leggins con faja tipo pirata sujetos con tirantes, una chaqueta, una camisa, una corbatita y una montera. Todo ello con bordados y en colores vivos. Unos 5 kilos de peso en ropa. Y en el caso de Padilla, un solo ojo porque otro lo ha perdido en un accidente anterior.

Además, portan alternativamente para enfrentarse directamente al animal dos manteles de tela (capote y muleta) que no ofrecen ninguna resistencia especial al envite de un toro,  y que, además, el trabajador ataviado con un EPI (Equipo de Protección Individual) tan poco apropiado se encarga de enfurecer. Y, después de bien enfurecido, cansado y picado, le clava una estoque. Lo más normal, que el toro intente defenderse.

Las reclamaciones sobre prevención de riesgos en el toreo suelen centrarse en el diseño del firme de las plazas, en los medios y la formación de los cirujanos taurinos.

En puridad, desde la prevención de riesgos, en las plazas de toros no hacen falta mejores enfermerías (algunas plazas ni siquiera las tienen). Lo que sobran son los toros o la forma irresponsable de los toreros de enfrentarse a ellos. No opino sobre su enorme o nulo valor  artístico o cultural, ni  sobre su  modernidad o trogloditismo. En cuanto a actividad laboral, o modernizan  los trajes de luces y  capotes, y tratan además mejor a los toros, o la prima en cotización por el riesgo de accidente laboral debiera ser prohibitiva.

Pónganse ustedes en la piel del inspector de trabajo al que le toque analizar este accidente y proponer medidas de prevención. Todas las evidencias son incompatibles con la actividad que las provoca.

Particularmente, tengo que reconocer que esto de los toros siempre me lleva a pensar en esta escena de En busca del arca perdida. Me resulta difícil entender por qué complicarse la existencia cuando de la integridad física se trata.

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