Cerrar

¿Me entiendes?

Espacio tributario

No lo puedo evitar, siempre me ha producido cierto repelús ese latiguillo coloquial: “¿me entiendes?”. Y es que esa pregunta, en apariencia del todo inocente, traslada al por ella interpelado la carga de un posible malentendido, exonerando así de toda responsabilidad a su emisor que asume (y, quizá, hasta presume, en el doble sentido del término) la nitidez de su propio mensaje. Por ello, soy un firme defensor del alternativo “¿me explico?”.

El lenguaje tributario -casi una jerga- no solo es técnicamente complejo, sino que llega a ser hasta obtuso, amén de que su perniciosa y crónica volatilidad dificulta, cuando no impide, su lectura histórica, con la siempre deseable perspectiva del tiempo. Por ello, la interpretación de las normas tributarias es casi una ciencia en sí misma, cuya corrección queda reservada a los genuinos “gurús” de la materia.

Recientemente hemos tenido un caso judicial que pone de manifiesto la maestría necesaria para el adecuado dominio de ese arte. Al TSJ-Galicia le tocó “en suerte” analizar el controvertido tema del eventual alcance de la exención de AJD a las escrituras de novación de créditos hipotecarios, y no solo a las de préstamos que eran las que literalmente contemplaba la norma. Y es que las CC. AA. han venido interpretando que al tratarse del análisis de una exención, esta debería interpretarse de un modo restrictivo de tal modo que su literalidad no podía ser objeto de ampliación alguna.

Sin embargo, el TSJ-Galicia despliega en esta sentencia un doble argumento para sostener que la exención también abarca los créditos y no solo los préstamos. El primero le lleva a interpretar “que en la mens legis se contemplan, como análogos, ambos contratos (el de préstamo y el de crédito) de forma indistinta y ello con independencia de que la expresión utilizada en el artículo de la Ley ITPAJD haga referencia preeminente al préstamo hipotecario, contrato que, si bien es distinto en cuanto a su contenido, cumple la misma finalidad desde el punto de vista financiero que el crédito”.

Pero es el segundo argumento el que, en lo que aquí interesa, adquiere una especial relevancia. En efecto, pues es ahí donde el TSJ-Galicia desarrolla una laudatoria (por trabajada) interpretación al sostener que “ello no significa aplicación analógica del beneficio fiscal (…) sino mera interpretación de la norma atendiendo a los tradicionales criterios enunciados en su día por Savigny, a saber, gramatical, lógico, teleológico, histórico y sistemático”, trayendo para ello a colación la sentencia del Tribunal Supremo de 12/12/1985 en la que se afirmaba que “no puede aceptarse la ya superada tesis (…) de que las normas que conceden beneficios tributarios han de ser aplicadas restrictivamente. Esta tesis ha sido superada por una reiterada doctrina de esta Sala, según la cual no procede acudir a la interpretación de las normas con criterios predeterminados, sino procurando que siempre se cumpla la finalidad que la norma persigue”, lo que le lleva a sostener que “no se puede pues confundir los criterios o principios interpretativos aplicables en materia de exención con la posibilidad de que las normas sean, o no, integradas mediante recursos analógicos”. Y es que “la interpretación restrictiva de las exenciones encierra una lamentable confusión acerca del verdadero significado del artículo 14 LGT, pues una cosa es la analogía y otra la interpretación de las normas jurídicas.

Así, mientras que la primera es una actividad de integración del ordenamiento por la que se extiende una norma a presupuestos de hecho no contemplados implícita o explícitamente por ella, la segunda tiene por objeto conocer el sentido, alcance y finalidad de la norma. Partiendo de esta elemental distinción, necesariamente habrá que convenir en que la llamada interpretación analógica no es tal, puesto que no se trata de una actividad dirigida a desentrañar el sentido de la norma, esto es, interpretativa, sino a integrar o completar las llamadas lagunas del derecho. Esta actividad exige, como es evidente, la previa interpretación de la norma que se pretende aplicar al supuesto de hecho no regulado, pero no por ello deben confundirse ambos fenómenos”.

Y es a partir de aquí cuando el asunto coge velocidad: “lo prohibido por (…) la LGT es el recurso a la analogía para extender más allá de sus términos el ámbito de las exenciones y bonificaciones tributarias” pero “no establece, sin embargo, ningún criterio específico de interpretación de las normas constitutivas de exenciones o bonificaciones, las cuales deberán ser interpretadas con arreglo a los mismos criterios o métodos que el resto de las normas tributarias”.

Siendo así que “las normas sobre exenciones y bonificaciones no presentan, desde el punto de vista interpretativo, especialidad alguna en relación con el resto de las normas tributarias por lo que la interdicción de la analogía no exige o comporta la necesidad de adoptar “a priori” ningún criterio de interpretación que conduzca a un resultado restrictivo o estricto. Con palabras del Tribunal Supremo, no procede acudir a la interpretación de las normas tributarias (de ninguna norma tributaria, y por tanto tampoco de las que conceden beneficios fiscales) con criterios preconcebidos, sino procurando que siempre se cumpla la finalidad que la norma persigue”.

Es todo ello lo que lleva a mi colega (y, sin embargo, amigo) Esaú Alarcón a afirmar que “no hay, pues, interpretación analógica y, en el caso de los créditos y préstamos hipotecarios nos encontramos con un supuesto en que la hermenéutica realizada por el Tribunal gallego -histórica en gran parte, sistemática hasta cierto punto y hasta literal- lleva a la asimilación de ambas figuras, de modo que no se cae en esa prohibida analogía, pues no ha hecho falta integración alguna”. Ahí queda eso, ¡maestro!

No te quedes con ninguna duda: consulta con tu gestor administrativo.

Busca el logo , Garantía profesional.

©Todos los derechos reservados. Los contenidos de esta web son propiedad exclusiva de SIGA 98, S.A. Queda prohibida cualquier reproducción total o parcial.