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Los TEAs, bajo la lupa del Supremo

Los TEAs
Espacio Tributario

Que en esta bitácora hay una especial querencia por la defensa de la institución de la suspensión (ya sea la cautelar o la cautelarísima), como obvia manifestación de la tutela judicial efectiva, es algo que creo que a estas alturas ya es más que obvio. Y es que han sido numerosas las ocasiones en las que nuestra cita semanal se ha dedicado a desenmarañar los tan numerosos como relevantes aspectos que la suspensión entraña: así, hemos abordado el asunto, entre otras ocasiones, aquí, aquí y aquí.

Nuestra fijación (que no obsesión) con este asunto imagino que nace de ese temor que amenaza a todo litigante (ya sea real o potencial): ¿y si cuando me den la razón ya es tarde?, ¿y si el daño ya está hecho?, ¿y si mi victoria es pírrica? No otra cosa -por mucha prosopopeya con la que se vista- es lo que aquí se dilucida: que la razón de ser del litigio no se vaya por la alcantarilla, evitando que su resolución final sea del todo estéril. Clave es, por tanto, que se intente evitar la generación de perjuicios de imposible o difícil reparación. Y es que, como digo, para eso está la suspensión.

Motiva esta nueva incursión en las procelosas aguas de la suspensión la muy grata noticia que hace apenas unos días me ha dado el Tribunal Supremo (TS) admitiendo a trámite un recurso de casación (¿remedo postmoderno del bíblico “ojo de la aguja”?) contra la sentencia de la Audiencia Nacional que, a su vez, vino a desestimar el recurso presentado contra una resolución del TEAC inadmitiendo una petición de suspensión (con exoneración de garantía).

Los entresijos del caso ya los había detallado en un “post” anterior y, tal y como yo mismo allí abogaba, el nudo gordiano del asunto es que “no parecen jurídicamente ortodoxas esas inadmisiones (tan frecuentes como preocupantes) decretadas sin haber mediado requerimiento de subsanación alguno. (…) De concurrir un defecto -¡cualquiera!; excepción hecha de esas solicitudes de suspensión no vinculadas a una previa o simultánea reclamación- el TEA no tiene opción: tiene, sí o sí, que conceder el trámite de subsanación. Lo que, a su vez, nos conduce a la segunda conclusión: si no media un previo requerimiento de subsanación (…), la solicitud de suspensión podrá ser desestimada pero nunca inadmitida”.

No otra es la interpretación que se le expuso al TS en el escrito de preparación de la casación y que él, mediante su auto del pasado 29/3 -del que la web del CGPJ ya da puntual cuenta-, ha entendido que tiene un interés casacional objetivo pues sobre esta cuestión, “cuya relevancia, por su afección general, resulta indudable, no se ha pronunciado la jurisprudencia del Tribunal Supremo, ya que ni lo ha hecho sobre un supuesto equiparable, ni ha podido tener en cuenta la incidencia que sobre el carácter subsanable o no de los documentos que acreditan la concurrencia de perjuicios de imposible o difícil reparación quepa atribuir a la mencionada Resolución de la Secretaría de Estado de Hacienda de 21 de diciembre de 2005, resolución, no se olvide, elaborada por la propia Administración tributaria. Se hace, por tanto, conveniente un pronunciamiento de la Sala Tercera del Tribunal Supremo que esclarezca la cuestión. (…).

(…) Procede admitir este recurso de casación, cuyo objeto será, por presentar interés casacional objetivo para la formación de la jurisprudencia, determinar si, solicitada en la vía económico-administrativa la suspensión de la ejecución del acto reclamado, sin presentación de garantías por imposibilidad de aportarlas, con fundamento en que la ejecución puede irrogar al interesado perjuicios de imposible o difícil reparación, y el órgano llamado a decidir considera que con la documentación aportada no se acredita la posible causación de perjuicios de la expresa índole, dicho puede rechazar directamente la pretensión cautelar o, antes de hacerlo, debe requerir al solicitante para que subsane esa deficiente justificación”.

Me congratula, pues, compartir esta relevante decisión del TS pues -como el propio auto afirma- no son pocos los contribuyentes atrapados en ese complejo escenario en el que, además, la inadmisión -como es bien sabido, a diferencia de la desestimación- les arroja al foso de un procedimiento recaudatorio ya ejecutivo, pues la petición de suspensión se tendrá así por no presentada. Ahora queda que el TS, además de admitir a trámite el recurso, lo estime; lo que no es poco.

Pero tampoco es baladí que, mientras tanto, los TEAs sean conscientes de que esa asentada praxis de acordar inadmisiones (que, además de enmascarar genuinas desestimaciones, se adoptan sin dar opción alguna para subsanar) está bajo la atenta lupa del TS. Toquemos madera…

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