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Las propinas, ¿Son salario?

Laboral

Las propinas tienen un confuso, en tanto poco regulado, status jurídico. Algunos convenios colectivos, como los de los de las empresas casinos, sí las tienen contempladas, dejando la gestión a la empresa, que practica una retención sobre un concepto de percepción extrasalarial (no proviene de la empresa, viene de un tercero ajeno a la relación laboral). La mayoría de los pequeños negocios de hostelería las van acumulando en un bote, sobre el que la empresa no tiene control alguno, que se reparte cada X tiempo entre los empleados. Es un sistema tan válido como que cada cual recoja las propinas de las mesas que atiende, de las operaciones que cierra. El cliente no tiene la voluntad de pagar más por el producto o servicio, sino de premiar a quién hace que la experiencia con ese producto o servicio sea más gratificante. Hay sectores y zonas geográficas en las que las propinas constituyen un auténtico sobresueldo.

En el contexto de un casino, la Dirección General de Tributos emitió una consulta vinculante en la que se determina que las propinas son rendimientos del trabajo desde el punto de vista del IRPF. Por tanto la empresa (que es quien tiene el control sobre el lugar donde convergen las relaciones jurídicas que dan origen a ese intercambio económico) tendría que controlarlas, retener e incluirlas como ingreso de sus trabajadores. Hay un sistema de puntos para determinar que porcentaje de la propina le corresponde a cada trabajador, por lo que, aunque el cliente quiera premiar la amabilidad de una persona concreta, el sistema redistribuye su generosidad entre todo el personal de plantilla sin distinguir lo sonrientes y colaboradores que sean.

Las propinas que provienen de la liberalidad de un tercero no  son parte de los emolumentos de la empresa,  ni son previsibles, por lo que la jurisprudencia los considera habitualmente percepciones extrasalariales. En tal carácter se alejan de las características definitorias de salario o de complemento salarial. La empresa no interviene de ningún modo en recaudarlas ni en generarlas, está al margen de la operación, no se lucra con ella ni tiene constancia de cuál es la cantidad.

Situación diferente es la de la retribución que, en algunos convenios colectivos, se denomina tronco de propina. En ese sistema, donde las propinas proceden de un recargo sobre los consumos de los clientes, ya no estamos ante una liberalidad, una donación a título gratuito del cliente, sino de un concepto retributivo salarial que la empresa recauda, y del que participan todos los trabajadores del centro habitualmente en proporción según su categoría profesional. Esas cantidades sí cotizan (además de tributar), como complemento salarial.

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Fotografía: pixabay.com