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Jordi Pujol, el desheredado o desheredante

Jordi Pujol, el desheredado o desheredante
Laboral

La curiosa explicación que Jordi Pujol i Soley ha dado con respecto a la falta de liquidación de impuestos sobre un dinero que su padre dejó directamente a sus nietos, porque pensaba que el empeño de ser político de Jordi le iba a dar a la familia muy mala vida, me ha dejado anonadada.

Lo que el abuelo Florenci Pujol hizo fue desheredar a uno de sus hijos o incluso a los dos. Desheredó tácitamente a su hija María, que liquidó a partes presuntamente iguales con su hermano Jordi, bienes que no eran ni la décima parte de la herencia real (se haga la cuenta como se haga, le falta dinero y su hermano también se olvidó de regularizarlo con ella) y, si hay un documento que lo acredite, desheredó expresamente también a su hijo Jordi, que se vio sustituido en sus derechos por sus hijos.

Para desheredar hay que dejar una disposición testamentaria expresa y solo se puede hacer en casos tasados por ley, no por simple antipatía a la política profesional. En toda España, salvo Navarra, es obligatorio que un porcentaje del patrimonio que uno deja en testamento en el momento de su muerte, pase a los descendientes de primer grado o a su estirpe (y a otros parientes directos si no hay hijos y nietos).

Si no hay testamento se divide entre ellos por igual. El testador puede evitar esta obligación si argumenta que un descendiente llamado a heredar le ha negado alimentos sin motivo aparente y/o si lo ha injuriado o maltratado gravemente ya sea de obra o de palabra. Desde 2009 en Cataluña también es causa para desheredar: “La ausencia manifiesta y continuada de relación familiar entre el causante y el legitimario, si es por una causa exclusivamente imputable al legitimario.”

Una reciente sentencia del Tribunal Supremo ha otorgado validez a una cláusula testamentaria en la que un padre desheredaba a sus hijos por haberlo injuriado y haberse desentendido de él en sus últimos años, cuando ya estaba enfermo. El testador fue atendido por su hermana, a la que nombró heredera, aplicando el viejo dicho de que quieres tus bienes para cuidar tus males.” Los hijos desaparecidos se manifestaron en el momento de heredar -año 2001- y reclamaron su parte (2/3 de la herencia en derecho común). Y el tribunal entiende que el maltrato psicológico al que habían sometido al padre, además del abandono de este cuando estaba enfermo, tiene encaje en la figura del maltrato grave, por lo que están bien desheredados. Los hijos no debían tener hijos a su vez, ya que en ese caso, esos hijos ocuparían el lugar de los desheredados en el reparto de la herencia del abuelo.

La de la herencia es una institución tan anacrónica como arraigada, regulada por todos los derechos forales y usos y costumbres diversas, que considera al ciudadano menor de edad y manipulable, no le permite distribuir libremente sus bienes, alimenta un absurdo “buenrollismo” en el que a todos los padres, sin excepción, le caen bien sus hijos y viceversa, y además crea en los herederos unas expectativas que con frecuencia terminan en malentendidos e incluso con la vida de alguno.

Las herencias y la familia, hay que reconocerlo, han dado libros y películas memorables, además de ser uno de los argumentos principales de toda investigación criminal.

Que conste que a mí el Pujol investigador me resulta simpático y el neo bacitrín me ha resuelto algún grano. Ahora, el Pujol que considera a su esposa e hijos unos inútiles incapaces de resolver un trámite administrativo, que en 34 años no llega a considerar a ninguno de los ocho lo suficientemente preparados para hacerlo, que los trata de tal forma que ellos tampoco se atreven a cumplir con sus obligaciones fiscales personales y que luego sale declarando que ha sido un problema de no haber encontrado un hueco para resolver la papelada de una liquidación de herencia, ese Jordi Pujol me parece impresentable.

Sobre todo porque daba consejos y dictaba normas a los demás indicando cómo cumplir como honrados ciudadanos y pagar impuestos, invertir y esforzarse por el país. Y todo esto pensando que realmente sea el dinero de una herencia. Le hubiera compensado mantener su título de honorable y acudir a un gestor administrativo.

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