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La incertidumbre de las razones humanitarias en el caso venezolano

Extranjería

No es secreto para nadie que, en los últimos años, los beneficiarios de residencias por razones humanitarias sean venezolanos. Lo que comenzó por la vía de recursos contenciosos administrativos ante la Audiencia Nacional (a través de 5 sentencias en el 2018), hoy en día se encauza mediante una resolución de extranjería, la cual inicia con una denegación de asilo y cierra con la “feliz” concesión de una residencia por razones humanitarias. Sin embargo, estacionarse en la concesión puede resultar cortoplacista, siendo nuestra recomendación estudiar el próximo paso: modificar.

¿Cómo surgen las residencias por razones humanitarias?

En su análisis, las 5 sentencias de la Audiencia Nacional transitan primero por el derecho al asilo, continúan con el debate respecto a la protección subsidiaria y culminan con la evaluación de las razones humanitarias.

Cuando abordan la figura del asilo, queda en evidencia que resulta difícil encajar el caso venezolano aquí, basta con enunciar las primeras líneas del artículo 3 de la Ley 9/2009, para entender que el legislador ha pensado en proteger otro tipo de situaciones, aquellas fundadas en “temores de [la persona de] ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, opiniones políticas, pertenencia a determinado grupo social, de género u orientación sexual”.

Situación similar se presenta cuando se entra al detalle con la protección subsidiaria, figura que intenta cobijar daños graves vinculados con la condena a pena de muerte o el riesgo de su ejecución, “la tortura y los tratos inhumanos o degradantes en el país de origen del solicitante, y las amenazas graves contra la vida o la integridad de los civiles motivadas por una violencia indiscriminada en situaciones de conflicto internacional o interno” (artículo 10 de la Ley 9/2009). Nuevamente, las distintas salas acaban concluyendo que no es posible subsumir la situación de los solicitantes dentro del supuesto legal y, por tanto, acaban por descartar esta figura.

Finalmente, cuando se entran a evaluar las autorizaciones por razones humanitarias, se toma como punto de partida lo establecido en el artículo 46.3 de la Ley 12/2009, “por razones humanitarias (…), se podrá autorizar la permanencia de la persona solicitante de protección internacional en España en los términos previstos por la normativa vigente en materia de extranjería e inmigración”. Este artículo se acompaña a su vez de extractos de la nota publicada por ACNUR de orientación sobre el flujo de venezolanos (marzo, 2018), en la cual se invita a los gobiernos a que adopten “respuestas pragmáticas de protección para los nacionales venezolanos”. Fueron estas premisas las utilizadas por las distintas salas para acoger las razones humanitarias.

Hoy en día, la concesión de residencias humanitarias no se concentra a nivel judicial, sino que ocurre en el campo administrativo, con una doble acción en un mismo acto, donde las autoridades de extranjería deniegan el derecho a asilo y conceden la autorización de residencia por razones humanitarias.

¿Corremos a solicitar la nacionalidad?

Una de las virtudes de las autorizaciones por razones humanitarias es que con su concesión se inicia el cómputo del tiempo de residencia, fundamental para temas de nacionalidad, más cuando se proviene de un país Iberoamericano y se cuenta con el lapso abreviado de 2 años.

No obstante, esta bondad no debe de nublar la vista panorámica. Los procesos de decisión de nacionalidad se pueden demorar años, siendo indispensable mantener la residencia durante este tiempo. Cuando corresponde renovar esta autorización, sus titulares experimentan escalofríos en las comisarías de policía, donde son informados sobre si procede la renovación o no. En general, las causas que están truncando el mantenimiento de esta autorización se asocian a la existencia de antecedentes penales y, en algunos casos, a la existencia de una doble nacionalidad.

Por tanto, quizás convenga no añadir adrenalina innecesaria presentando una nacionalidad a toda prisa, tomar una pausa y planificar con tiempo una modificación de la autorización por razones humanitarias a una residencia y trabajo por cuenta ajena o por cuenta propia (si se posee un negocio o proyecto). De esta forma, se ganará certeza frente a un acuerdo entre España y Venezuela cuya duración se desconoce, cesarán los escalofríos y desaparecerán las comillas de la palabra feliz.

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