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Huelga/paro cívico o vaya usted a saber

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Laboral

Hoy martes se ha convocado en el espacio geográfico ocupado por el ente territorial antes conocido como comunidad autónoma de Cataluña un día festivo-reivindicativo. Que hay quién califica de huelga a pesar de haber sido convocada en común por algunos partidos políticos, algunos sindicatos y algunas asociaciones de empresarios y sin ninguna garantía y control. También han bautizado de referéndum a una votación que  no contaba con el apoyo de la legalidad vigente y no ha respetado mucho la norma auto otorgada que lo definió, ni las normas sobre protección de datos con respecto al censo.

Supongo que los empresarios que estén a favor de la huelga pagarán salarios y cotizaciones (a que entidad, todavía no lo tengo claro) y los trabajadores que no estén de acuerdo con ir al paro no tendrán otra que quedarse en casa por falta de ocupación efectiva. Si lo que cierra es la empresa se llama cierre patronal, pero ese término pinta menos del pueblo llano. Aunque ni todos los sindicatos están de acuerdo con que eso sea una huelga y emplazan a los afiliados simplemente a movilizarse y protestar contra la carga policial participando en las movilizaciones puntuales en horas concretas. No todos los empresarios están conformes con que se secunde. Los sindicatos convocantes no dudan en que se trata de una decisiva toma de posiciones del proletariado. Que, en mi humilde opinión, en términos de dialéctica histórica un proletario de Sabadell debiera tener más en común con uno de Almería que con un empresario catalán y nula necesidad de independencia, con lo que el argumento de todas las partes se complica. Y que no se sabe muy bien frente a quien se posicionan, ya que parecen haberse independizado de forma unilateral con lo que daño al ente extranjero por ponerse en huelga le hacen más bien poco. En todo caso la herida económica es de autolesión.

Una  de las grandes patronales de Cataluña, la Generalitat, ya ha comentado a sus trabajadores que no perderán retribuciones por no ir ese día. Con buen criterio, por si resultase que la legalidad vigente resulta ser la que era hace una semana, la Generalitat le llama “paro cívico” , no  huelga. Bienvenido el Puigdemoso, variante autóctona del Moscoso que seguro data de alguna tradición ancestral. Organizado sin servicios mínimos en la administración pública, que anima a sus servidores a que se tomen el día libre para tener un número significativo de figurantes en las calles. Con la de trabajo que tienen pendiente, no parece ni sensato que esa sea la mejor forma de comprometerse con la futura Cataluña independiente.

En el ordenamiento vigente en España una huelga se convoca para reivindicar derechos laborales, que no parece ser el caso de esta. Los trabajadores tienen ciertos derechos protegidos precisamente por ser una forma reglada de reivindicación. Jugar a suponer cual va a ser finalmente la legalidad resultante de esta ceremonia de la confusión es arriesgado. Porque ordenamiento alternativo que ampare paros cívicos en el ámbito laboral aún no hay.

El empresario que no esté de acuerdo con cerrar, ¿lo va a considerar huelga de los trabajadores o absentismo puro?; los empresarios a favor del paro cívico, ¿montarán amables piquetes para convencer a otros empresarios de lo justo y proporcionado de echar el cierre?; los mossos, ¿protegerán a los que quieran continuar trabajando o a los piquetes?, ¿habrá servicios mínimos para los mossos, o en los hospitales, o en educación, si todo el personal que depende de la Generalitat puede faltar al trabajo? Sin contar con lo curioso de montar una protesta contra aquellas entidades a las que no se les reconoce autoridad.

Ya que hay convocada una huelga, lo mismo los huelguistas debieran preguntarse algunas cosas ¿qué parte de las normas laborales se van a importar al nuevo ente estatal? ¿van a mantener el SMI, lo reducirán o se va a incrementar?; ¿pierden vigencia todos los convenios colectivos de ámbito geográfico España al considerarse Cataluña ajena al país que los tiene publicados en su BOE?; ¿a quién se le va a pagar la cotización?; ¿es una prestación transnacional de servicios ir a hacer un trabajo en Zaragoza? ¿Se reconocerá la jurisprudencia del Tribunal Supremo o pasará a serlo solo la del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña?; las empresas con centros de trabajo fuera de Cataluña ¿cómo reorganizarán sus comités?; el estatuto de los trabajadores ¿lo conservan, lo adoptan en el estado previo a la reforma laboral o se van a dotar de uno propio? ; la ley de la jurisdicción laboral o la de procedimiento administrativo ¿se van a respetar cuando son vertebradoras de la legalidad de otro país? ¿quieren los catalanes leyes nuevas o un patchwork?  ¿se considerarán válidos los permisos de residencia de los ciudadanos extranjeros otorgados por España?

En un nuevo giro esperpéntico de los acontecimientos estamos ante una huelga/paro cívico en protesta por algo ocurrido fuera del ámbito del derecho del trabajo y que no reivindica, que se sepa, nada relacionado con su ordenación presente o futura. El domingo las fuerzas de seguridad actuaron con desproporción. Están legalmente obligados por los principios de congruencia, oportunidad y proporcionalidad en la utilización de los medios a su alcance. Y es muy discutible que siguiesen tales principios. Al fin se enfrentaban (por orden judicial, eso sí) a ciudadanos intentando depositar un papel dentro de un recipiente de plástico. Cargar contra ellos es de último recurso. Hubiera sido más fácil esperar a que acabasen e incautar el recipiente al final o, simplemente, multarlos por saltarse la resolución de un tribunal.  También es cierto que bien pudieron los convocantes habilitar voto telemático y asunto liquidado cada uno desde su casa. Daba peor en las fotos de los periódicos, pero hubiera evitado conflictos. Aunque ese no parece ser el objetivo de nadie. Y aquí hemos llegado con una solución política que ni está ni se la espera.

La seguridad jurídica es una de esas cosas que se valora, sobre todo, cuando se pierde. Y en Cataluña se entra en un territorio desconocido en el que no se sabe muy bien cuáles son las nuevas normas, si es que las hay. Asesorar en tiempos revueltos va a ser una tarea ímproba . Demasiadas preguntas de como gestionar lo cotidiano en el día después siguen en el aire.

 

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