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Escogiendo un lugar de destino (I)

Extranjería

Aunque hay días en los que la Unión Europea parece ser la fuente principal de nuestros problemas (no hay como trabajar en equipo para tener a alguien a quien echarle la culpa), lo cierto es que la libre circulación de trabajadores es una ventaja muy a tener en cuenta en el tiempo que nos ha tocado vivir. Poder desplazarse a buscar trabajo sin la presión de los plazos y las futuras trabas administrativas es de agradecer.

El mayor defecto para un español de la Unión Europea es que los países que la integran tienen la pintoresca costumbre de tener idiomas variopintos. Y el inglés tampoco es el idioma mayoritariamente hablado, por mucho que pueda servir de idioma puente. Cuando uno es ingeniero puede que el inglés le sirva para trabajar y desenvolverse, al menos a corto plazo, pero cuando uno tiene un trabajo de atención al público o una ocupación de equipo menos especializada no puede pretender que con el inglés se resuelva todo fuera del Reino Unido, Irlanda y Malta. Por mucho que parezca otra cosa, cuando se leen algunas declaraciones y noticias en prensa no todos los españoles somos ingenieros (y no todos dominamos 4 idiomas, ni siquiera hay una amplia mayoría silenciosa que hable inglés con fluidez). Esas limitaciones deben ser consideradas a la hora de abordar el traslado al único ámbito geográfico que no nos exige la tramitación previa de un permiso de trabajo. A menor competencia lingüística, mayores límites para acceder al empleo en cualquier parte.

Los permisos de trabajo fuera de la Unión Europea tienen la misma filosofía en casi todas partes, ya que para tener permiso para trabajar hay que aterrizar en el país con una oferta de contrato de trabajo cerrada. Si uno se traslada sin oferta y sin permiso tiene una aventura triple: encontrar trabajo, adaptarse y sortear las trabas burocráticas. Los países sin burocracia no existen. De hecho, algunos países son pura burocracia sin ningún contenido real. Aunque no lo apreciemos, estamos habituados a una Administración accesible y con ciertas garantías. Se nos hará cuesta arriba tener que añadir como documento al expediente algún billete de curso oficial para engrasar engranajes, y eso aún pasa en muchos países (en general no en la UE).

Incluso dentro de la Unión Europea es necesario cumplir con una serie de requisitos de inscripción a un determinado territorio. Sin esa inscripción (que varía en cada país) el acceso al trabajo tampoco es posible, porque el sistema informático no nos reconoce de primeras. Esto es, para cualquier país de la UE los ciudadanos comunitarios que no son sus nacionales no existen, y para emprender una vida laboral deben ser convenientemente encajados en el sistema. Lo primero que debe hacer cualquier emigrante económico es ser consciente de esas obligaciones en el país de destino y de la documentación que se exige en cada caso, con un plazo en general estricto. Ahorrarás disgustos y dinero. Ineludible, pasaporte y DNI en vigor con una validez restante de al menos 6 meses (suelen exigir cuatro, pero es bueno tener un margen de seguridad). Si pretendes ejercer una profesión o acceder a un trabajo especializado que se adapte a tu experiencia profesional o a tu titulación debes comprobar cuál es el tipo de reconocimiento que te corresponde hacer y si debes llevar la documentación traducida, sellada o detallada. Si te trasladas con niños debes tener en cuenta que los cursos no empiezan en las mismas fechas, que los desarrollos curriculares no son equivalentes, que debes llevar su expediente escolar lo más completo posible… y que hay que cargarse de paciencia.

De convalidación y reconocimiento de títulos hablaremos la próxima semana.

No te quedes con ninguna duda: consulta con tu gestor administrativo.

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