Cerrar

Érase una vez un país donde no pasaba nada

el-pais-en-el-que-no-pasaba-nada
Espacio Tributario

“El Estado de Derecho se opone simultáneamente a lo divino y a lo meramente natural. Al concebir el Estado de Derecho como el producto de la razón y de la voluntad, la historia pierde su origen divino y su fin escatológico”. Paul Kahn

Mis rarezas (la edad, es lo que tiene) son ya de tal calibre que he llegado a la temeraria osadía de no me avergonzarme de reconocer públicamente que me gusta mi país. Es más, creo que tenemos no pocas cosas de las que enorgullecernos, pero -precisamente por ese amor que le profeso- no quiero que esos méritos se ahoguen, se marchiten en la ciénaga de la autocomplacencia, porque -como bien advierte Fernando Jáuregui- “los países, cuando se distraen, comienzan su carrera hacia el despeñadero” . Y es que las sociedades que avanzan son aquellas que no se regodean mirándose el ombligo un día sí y otro también; las cosas mejoran por ese irrefrenable afán por prosperar…, el problema -¡claro está!- es que la prosperidad cuesta, hay que esforzarse, pelear y levantarse cada día. No queda otra; bueno, sí: morir de éxito.

No se me escapa que España tiene numerosas asignaturas pendientes: apostar por el I+D+i, reestructurar su delicada demografía, resolver el “sudoku” de las pensiones, mejorar su esquema productivo hacia actividades de alto valor añadido, dar solución al denominado “problema catalán”, cerrar el eterno debate territorial, o apostar por la calidad en el sistema educativo, serían sólo algunas de ellas.

Pero, más allá de esos grandes retos -algunos, tan complejos, que somos expertos en escurrir el bulto, al estilo del avestruz-, el día a día nos depara otros deberes más asequibles, a primera vista más alcanzables y que, por tanto, la renuncia a abordarlos entraña -si cabe- aún más reproche…

Ya en un reciente “post” había confesado que tenía ganas de analizar el episodio de la tan cacareada sentencia del Tribunal Constitucional relativa a la “amnistía” (perdón, en la siempre aséptica y eufemística terminología oficial, la DTE). Y aquí lo haré; pero -reconozco- no como inicialmente había previsto, exprimiendo el episodio concreto sino -pues creo que esta perspectiva reviste un mayor interés- aprovechando éste para elevarlo a la categoría de género.

Me dedico a esto “de lo tributario” desde ya hace dos décadas y media y, pese a que la memoria no es mi fuerte, cuando miro hacia atrás encuentro varios asuntos que, aunque variopintos, tienen un común hilo conductor. Sin ánimo de ser exhaustivo, enumero algunos de ellos:

-. El Tribunal Constitucional (TC) “tumba” el IRPF.

-. Se declara inconstitucional la Disposición Adicional Cuarta de la “denominada” Ley de tasas.

-. El TC considera inconstitucional el recurso cameral permanente (la “exacción parafiscal” que nutría de ingresos a las Cámaras de Comercio).

-. El conocido como “gravamen complementario” de la tasa del juego vulnera la Constitución (el TC “dixit”).

-. El Tribunal de Luxemburgo (TJUE) declara contrarias a las disposiciones comunitarias las previsiones españolas sobre la deducción del IVA soportado previo al inicio de actividad.

-. El TJUE enmienda la plana a España sobre el régimen de las subvenciones en el IVA y su impacto sobre el IVA deducible.

-. El TJUE “tumba” el conocido como “céntimo sanitario” (IVMDH).

-. La UE “pone la proa” -nunca mejor dicho- al régimen del “tax-lease” español.

-. El TJUE recrimina a España por su tratamiento a los no residentes en el Impuesto sobre Sucesiones.

-. La Comisión Europea mira con lupa el tratamiento fiscal del fondo de comercio en el Impuesto sobre Sociedades español.

-. La UE cuestiona la ortodoxia comunitaria del artículo 108 LMV.

-. El TC declara la inconstitucionalidad y nulidad del “arbitrio municipal de plusvalía” (IIVTNU).

-. El TC declarara la inconstitucionalidad y nulidad de la “amnistía fiscal”.

Vista la variedad de asuntos, parece lógico preguntarse: ¿qué tienen en común, amén de que suponen un grave varapalo al Legislativo/Ejecutivo? Pues que en todos ellos su resultado final fue el mismo: ¡nada! Nada le ocurrió, ya no en términos de responsabilidad personal (hoy por hoy, impensable), si no -y esto es lo más grave- en lo que a la asunción de coste político se refiere, a ninguno de sus autores directos. ¡Nada! Es más, en la mayoría de los casos, la factura de esos graves “lapsus” de nuestros mandatarios la pagó, como si de una broma pesada se tratara, el propio contribuyente, ese “paladín incauto que siempre está ahí para socorrer con lo que no tiene a quien no se lo merece y jamás arrimó el hombro” (Lorenzo Silva dixit).

Y el reciente (que nunca último, pues pronto llegará otro que hará que olvidemos el entonces ya “penúltimo”) episodio de la “amnistía” no iba a ser la excepción. Analicemos dos efectos, uno de la propia sentencia del TC y otro emanado de la Comisión de Hacienda del Congreso de los Diputados ante la que el propio Ministro compareció:

-. Es obvio que una de las expresiones de la STC relativa a la “amnistía” que más eco mediático ha generado es aquella en la que denuncia que el proceso de regularización supuso “la abdicación del Estado ante su obligación de hacer efectivo el deber de todos de concurrir al sostenimiento de los gastos públicos (art. 31.1 CE)”.

Hay quien ha querido ver en ese reproche alguna suerte de advertencia mediante la que el TC vendría a manifestar su oposición a futuribles tentaciones de implantar procesos análogos al ahora repudiado. Coincido en este punto -como tantas veces- con las apreciaciones de mi apreciado César García Novoa cuando afirma que “la sentencia no proclama ninguna suerte de blindaje constitucional de la indisponibilidad del tributo o de otras prestaciones” (Expansión 21/6/2017).

Pero, más allá de eso, yo (me) pregunto: y si, efectivamente, el TC, aprovechando el episodio relativo a la “amnistía”, hubiera repudiado la repetición de casos análogos, ¿qué habría cambiado? ¿Acaso un gobernante necesitado de cuadrar las cuentas públicas no caería una y otra vez en esa tentación, máxime al comprobar que no pasa “nada”? Disculpen que me ahorre, por obvia, la respuesta.

-. En la específica comparecencia parlamentaria , el Ministro (en una de esas maniobras propias del arte de la política consistente en que antes de que a uno le “fusilen” tiene la capacidad de ponerse al mando del propio pelotón de fusilamiento) se sacó de la manga la carta de sugerir que, por Ley (con mayúscula), se introduzca la expresa prohibición de que se aprueben más “amnistías”. Admitiendo pulpo como animal doméstico (es decir, que una Ley llegara a plasmar semejante “boutade”), ¿qué problema habría en saltársela e implantar nuevas “amnistías”, caso de ser necesario desde una perspectiva presupuestaria? Sinceramente: ninguno. No otra cosa es lo que ha pasado con el abracadabrante episodio del aplazamiento de las cuotas de IVA: la Ley lo prohíbe taxativamente, pero ¿qué más da? Se publica un mensaje en la web de la AEAT, ratificado por una Instrucción del Departamento de Recaudación admitiendo que se puedan aplazar/fraccionar y aquí no ha pasado nada … . Es más, cuando se denuncia esa circunstancia, la respuesta que se recibe desde el Ejecutivo es no entremos en debates que no le convienen a nadie; vayamos a lo práctico” .

¡Menudo sistema de contrapesos el de nuestro Estado de Derecho! Una norma es declarada inconstitucional o contraria al derecho comunitario, se la expulsa del ordenamiento jurídico y … ¡que pase la siguiente! ¡Otra de gambas! Eso sí, mientras tanto, casi sin hacer ruido, nuestro Estado de Derecho yéndose por la alcantarilla. Pero, como diría Alaska, “¿a quién le importa?”Por lo que parece, sólo a un aburrido aguafiestas, así que “por favor, apártese y no moleste”.

Lejos han quedado, pues, los tiempos en los que alguien estaba dispuesto incluso a sacrificar su vida por defender la legalidad vigente. Es obvio que hoy no pedimos semejantes sacrificios, nos conformaríamos con menos…, ¡con mucho menos!

Ergo éste es, precisamente, el punto que considero más relevante del triste episodio de la “amnistía”. El constatar que mientras la sociedad “civil” (cuestionando tanto la propia ortodoxia de su denominación -mi bienquerido Bunes dixit-, como su mera existencia en nuestro país) siga admitiendo, siga asumiendo como normal, que nadie responda de nada, nada cambiará. El poder -sea del color que sea; lo que hace aún más triste esta constatación- no asumirá ningún coste por estos episodios porque, al final, termina comprobando que le sale “gratis”; que, tras unos días de una leve marejada mediática, las aguas vuelven a su cauce y, así, hasta la siguiente… Y esta impunidad -que lo es- genera dos efectos, a cada cual más pernicioso:

-. Que el común de los mortales (ya se sabe, más súbditos que ciudadanos) perciban que si el poder goza de esa impunidad ante sus vulneraciones de la legalidad, ¿porqué, sin embargo, a ellos se les azuza con la amenaza del castigo cada vez que tienen un desliz, por leve que éste sea?

-. Que desde otras instancias de poder, haciendo suya esa sensación de irresponsabilidad, se caiga en la tentación de tomar senderos que no llevan a ninguna parte…, o sí: al abismo.

Me da envidia (insana, lo confieso) lo que está aconteciendo en Francia. Allí, al menos,  han tenido la suficiente valentía para poner en marcha un proceso de renovación, de cuestionamiento del “statu quo” que durante lustros les ha llevado a la parálisis, a la inacción, que a donde conduce es sólo hacia atrás, nunca hacia delante. “Los franceses son adictos al gasto público, y como todas las adicciones, ésta no resuelve ninguno de los problemas que debería resolver. Y, como todas las adicciones, hace falta voluntad y valor para desintoxicarse”; ha afirmado el primer ministro Edouard Philippe en su reciente comparecencia ante la Asamblea Nacional. Puede que fracasen en su propósito -nadie, ni el más osado, tiene garantizado el éxito-, pero al menos no se les podrá reprochar que no lo hayan intentado.

Mientras tanto, aquí seguimos, en nuestro “gran país”, dilapidando millones de euros en la nada, sin asumir que “la delicada posición de las cuentas públicas españolas es el efecto directo de la mala estrategia fiscal y presupuestaria aplicada por el Gobierno en la pasada legislatura y su incapacidad de reducir el Estado cuando todas las condiciones facilitaban esa tarea” . Y es que resulta que lo que marca nuestra agenda no es otra cosa que la maquiavélica máxima de “el fin justifica los medios”, o en palabras del Ministro de “la cosa” (sinceramente, ya no le doy demasiada importancia a quién sea; creo que ya es indiferente): “me levanto por la mañana y veo que España se recupera y eso es lo que importa”. Al fin y al cabo, ¡qué más da! “Se trata de fomentar la irresponsabilidad más absoluta en una población cada vez más infantilizada y, por supuesto, el asalto a los fondos públicos: de burócratas, políticos, minorías y mayorías (o sea, rent-seekers). Tranquilos, ¡a esta ronda invita la próxima generación!”.

Sigamos, pues, embebidos con la “droga” de la recuperación económica sin querer ver que la irresponsabilidad de los actos públicos no sólo va dejando a su paso una estela de cadáveres en la cuneta si no que, además, instala entre nosotros un “modus operandi” propio de la más absoluta impunidad: el poder, ya sólo responde ante las urnas. Una vez elevado a los altares de la soberanía nacional, ya no responde ante nadie. Y eso, con suerte, cada cuatro años y, además, para entonces, ya nos habrán bajado los impuestos…, así que vuelta a empezar. “Pan y circo”, “pan y toros”, “pan y fútbol”, “pan y gran hermano (o sálvame, o …)”; la fórmula es ya de todos conocida y tan cotidiana que nos la merendamos sin siquiera ser conscientes de ello.

“Todo se repite, y es terrible. Nunca se aprende la lección” Josephine Herbst

 

No te quedes con ninguna duda: consulta con tu gestor administrativo.

Busca el logo , Garantía profesional.

©Todos los derechos reservados. Los contenidos de esta web son propiedad exclusiva de SIGA 98, S.A. Queda prohibida cualquier reproducción total o parcial.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR

Pin It on Pinterest