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¿Qué empresas salen beneficiadas con la reforma fiscal?

Empresas beneficiadas
Espacio Tributario

El estudio global de la nueva Ley del Impuesto sobre Sociedades que entrará en vigor el 1 de enero de 2015, analizando el impacto de las medidas en diferente tipología de sociedades permite entender cuáles de ellas salen beneficiadas con la nueva normativa.

En primer lugar es justo decir que, salvo en supuestos muy específicos, la nueva Ley favorece al contribuyente siendo generalmente la tributación efectiva menor que con la norma anterior aún vigente.

La minoración de los tipos impositivos, sumada a la nueva reserva de capitalización, es clave para esta primera conclusión. Y no solo porque el tipo de gravamen final sea inferior al actual, sino también por el impacto de esta minoración en los pagos fraccionados.

Otro aspecto de gran relevancia es la desaparición en 2015 y 2016 de gravosas medidas que, fruto de la crisis, aumentaron la factura fiscal de las empresas. Probablemente la medida que afectó más negativamente a las sociedades con un importe neto de la cifra de negocios superior a los 10 millones de euros es la que limita al 70% la deducibilidad fiscal de las amortizaciones contables.

Pese a que la “caducidad” de estas medidas extraordinarias nada tiene que ver el cambio de la norma derivado de la llamada reforma fiscal, sí confluye en el tiempo por lo que el efecto neto es que, salvo supuestos de laboratorio, en 2015 se tributará menos que en 2014 y en 2016 todavía menos que en 2015.

Además, parte de los cambios a peor pueden anticiparse al presente ejercicio, como por ejemplo tratar de localizar los activos deteriorables y proceder en 2014 a materializar ese deterioro, con la oportuna justificación documental.

Dicho esto, es evidente que los más beneficiados (y contemplando como “un todo” tanto la reforma fiscal como la desaparición de las medidas que, transitoriamente, suponían una mayor tributación en estos últimos años) son las grandes compañías (para las PYMES el tipo de gravamen de partida es el mismo), aquellas que no arrastran pérdidas (no les afectará la limitación a la deducibilidad de las bases imponibles negativas), aquellas con activos contabilizados a precio de mercado o superior (no les afectará la no deducibilidad del deterioro) o las entidades poco endeudadas (derivado de la limitación de los gastos financieros o la no deducibilidad de los intereses por préstamos participativos). Es decir, el saneamiento de una sociedad es directamente proporcional al beneficio derivado de las nuevas medidas (o desaparición de las existentes, que no siempre es lo mismo).

Esta conclusión es bastante curiosa. Quizás lo más loable en una situación económica como la presente sería ayudar y potenciar en todos los ámbitos, incluido el fiscal, a las sociedades con problemas y no al revés.

De hecho, cuanta más inversión de una sociedad en otras sociedades con importantes plusvalías tácitas (situación que denota una salud envidiable), con el deseo de materializar esas plusvalías, mejor parada saldrá dicha sociedad en una hipotética comparativa pre y pos reforma dado que la venta de esas acciones o participaciones no tributará siendo esta quizás la medida de mayor calado de toda la reforma, igualando la ley el tratamiento de las plusvalías en sociedades extranjeras con las nacionales.

Por ser, como he dicho y a mi entender, la medida de más importancia, me pararé unas líneas en explicarla. Primero técnicamente: la nueva redacción del artículo 21.3 de la Ley del Impuesto sobre Sociedades es la siguiente:

“Estará exenta la renta positiva obtenida en la transmisión de la participación en una entidad, cuando se cumplan los requisitos establecidos en el apartado 1 de este artículo. El mismo régimen se aplicará a la renta obtenida en los supuestos de liquidación de la entidad, separación del socio, fusión, escisión total o parcial, reducción de capital, aportación no dineraria o cesión global de activo y pasivo.

El requisito previsto en la letra a) del apartado 1 de este artículo deberá cumplirse el día en que se produzca la transmisión. (…)”.

El requisito al que se refiere esa letra a) del apartado 1 es el tener un porcentaje de participación, al menos, del 5% o un valor de adquisición de la participación superior a 20 millones de euros y posesión de la participación de manera ininterrumpida durante el año anterior.

Pese a que el artículo es más extenso, sirva la parte enunciada para exponer un ejemplo claro: A tiene el 100% de B desde su constitución habiendo aportado un capital social de 100 y se propone vender B por 1.000 (ambas sociedades españolas). El VTC de B a fecha de la venta es 400 (100 de capital y 300 de reservas). Con la norma actual (antes de la reforma que entrará en vigor el 1 de enero de 2015), A tributará por 600 dado que los primeros 100 reducen coste (A constituyó B aportando 100 como capital) y 300, al corresponderse con reservas que generó B mientras A poseía la participación, tampoco tributan en A tras la aplicación de deducción por doble imposición interna. Con la nueva norma A no pagará ni un “duro” a Hacienda dado que está exenta toda la renta positiva obtenida en la transmisión de B, independientemente de las reservas que se hayan originado durante la tenencia de la participación, es decir, las plusvalías tácitas (si vendo por 1.000 algo cuyo VTC es 400 es porque hay plusvalías tácitas en los activos o un fondo de comercio importante) no tributan.

Esto hace aconsejable mantener la participación en sociedades a través de otras sociedades y no directamente como persona física para poder beneficiarse de este régimen tan beneficioso. Debería suponer un aliciente para que un empresario acometa algún tipo de operación de reestructuración, por ejemplo, un canje de valores o aportación no dineraria que permita aportar las acciones o participaciones que posea a título particular a una sociedad holding o cabecera que canalice sus inversiones en sociedades.

Por último, téngase en cuenta que la ley se aplicará en el primer ejercicio que se inicie a partir del 1 de enero de 2015 por lo que es el momento adecuado para plantear, en sociedades con “ejercicio partido”, modificar el mismo para hacer coincidir el ejercicio fiscal con el año natural y, de este modo, anticipar las bondades de la nueva norma acompañadas, como indiqué anteriormente, por la desaparición de medidas especialmente gravosas que estaban vigentes.

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