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El tamaño sí que importa. Sobre el uso de las plazas de garaje (I)

Vivienda

4,50 x 2,20 (metros lineales). Esa es la dimensión mínima más extendida de las plazas de garaje en los planes generales de ordenación urbana de los municipios españoles. En ese espacio uno debe poder aparcar y salir del vehículo que acaba de estacionar sin tocar al resto, y dejando el coche dentro de los límites dibujados en el suelo por esas rayas tan características amarillas, azules o blancas. Esto es, situando el coche en el centro de la plaza acceder a él y salir debe ser posible sin invadir las plazas limítrofes ni las zonas comunes (ya sean de paso o de maniobra).

El actual mercado del automóvil no tiende a coches de tamaño contenido. Parece que la tendencia de consumo de la población se inclina a vehículos en los que poder meter el equipaje de 5 personas, además de dos perros y la tabla de surf, para vivir aventuras en extensiones remotas, páramos inabarcables con la vista y paredes rocosas escarpadas a las que se puede llegar tranquilamente en automóvil a poco que el coche levante la carrocería un palmo del suelo. Naturaleza fotografiable y alicatada accesible con un crossover. O con una berlina familiar. Todos estos vehículos salen en los anuncios de garajes a nivel de calle de viviendas unifamiliares con grandes portalones para dos coches. Porque las maniobras que tienen que hacer en el garaje de una comunidad de propietarios convencional quedarían muy poco estéticas.

La vecindad de plaza de garaje, el uso mismo de ese espacio, es un clásico de las controversias en las comunidades de propietarios. En la mayor parte de los casos, de controversias ajenas a la capacidad de decisión de los comuneros, que pueden empatizar con cualquiera de las partes en la polémica pero rara vez pueden imponer nada de forma grupal. El otro clásico es el radio de giro de las rampas y el espacio de maniobra.

El uso correcto de una plaza de garaje sitúa al vehículo totalmente (no tomando como dimensión las cuatro ruedas) dentro de las rayas pintadas, pudiendo abrir la puerta dentro de ella. La construcción correcta de las plazas sería aquella en la que fuese posible, con todas las plazas ocupadas y utilizando solo pasillos y las zonas de maniobra, aparcar el vehículo en el espacio que le corresponda sin grandes dificultades. Tomando para ello, obviamente, la pericia de un conductor medio, no la de un especialista que haya participado en cualquiera de las partes de Fast and Furious.

La decisión de comprar un coche nuevo debe partir siempre de probar a aparcarlo en la plaza de garaje a la que está destinado, hacer la maniobra efectivamente y no fiarse de las dimensiones que el vehículo tiene, porque no todos tienen la misma capacidad de giro ni los mismos ángulos muertos. Los vecinos no tienen porque plegarse a los cambios en los vehículos ajenos.

Ojo, que la comunidad de propietarios poco puede hacer en los supuestos de propietarios que, simplemente, aparcan mal o tienen vehículos grandes que complican el acceso a los de al lado. Cada plaza es un espacio privado que tiene unas dimensiones con las que se debe contar para poder aparcar, entrar y salir. Y la controversia será entre particulares por un mal uso, no un asunto de la comunidad.

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