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Prestación por riesgo en el embarazo

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Laboral

La de maternidad es una situación de suspensión del contrato de trabajo. No es una baja porque la gestación no es una enfermedad, el parto tampoco y atender a un recién nacido mucho menos. Digamos que es una excedencia peculiar, en la que la empresa sigue cotizando y el Estado paga el salario. Durante ocho semanas está reservado un período de descanso a la madre en exclusiva, para reponerse del parto. El resto del tiempo de la maternidad puede ser cedido total o parcialmente  al otro progenitor. Compartir con un familiar el  período de no asistencia al trabajo es impensable en una baja.

Hay una segunda posibilidad de suspensión de la relación laboral durante el tiempo de gestación con derecho a prestación: el riesgo durante el embarazo. La situación de riesgo en el embarazo vuelve a no ser una baja, aunque en este caso no se puede compartir.  No se trata de que la trabajadora sufra de una lesión o un padecimiento que le impida trabajar, aquí lo que se pone en valor es el riesgo objetivo que supone el puesto de trabajo en concreto para la situación de embarazo de la trabajadora. Una gestante puede estar en una forma magnífica y trabajar en un puesto poco adecuado para las modificaciones físicas a las que su cuerpo está sometido. Y el trabajo puede ser asumible durante 6 meses y no en el último trimestre de embarazo. Por ejemplo, ser reponedora de supermercado, autónoma de la mensajería o técnico en rayos X  no es una actividad sensata para una embarazada. No sería sensato tampoco, por ejemplo, que se destinase a un trabajador de metro noventa de altura a un puesto en una máquina en la que no puede estirar las piernas o tiene que adoptar una postura forzada. Y medir metro noventa, estaremos todos de acuerdo, no es una enfermedad. La ventaja es que el embarazo es transitorio y medir muy por encima de la media es permanente.

La empresa tiene una primera obligación de cambiar a la trabajadora de puesto o adaptar la actividad si resulta ser un riesgo para el embarazo y, si no es posible, notificárselo a  la mutua para que active la prestación. Eso sí, las mutuas, el médico de cabecera, el gestor administrativo, por lo general, no tienen poderes adivinatorios, por lo que procede que se comuniquen las situaciones con tiempo para que puedan ser evaluadas. Y lo suyo sería que los puestos de trabajo estuviesen catalogados en el plan de prevención con respecto a un embarazo. Lo mismo lo que era una situación clara de prestación se convierte en un baja por sostener en el tiempo una actividad inadecuada para las características físicas de la trabajadora, con un coste que la empresa bien pudo evitar. Una vez que hay una baja por enfermedad común, no hay prestación por riesgo.

Los costes son muy diferentes porque tanto en el riesgo como en la maternidad hay un bonificación del 100% en las cuotas de quién se contrate como interino para asumir el trabajo de la embarazada. Y la trabajadora titular del puesto recibe su salario directamente de la Seguridad Social o de la mutua. Esto es, la empresa va a invertir lo mismo en mantener la misma plantilla, nada que ver con el coste que supone asumir una baja por enfermedad común.

No te quedes con ninguna duda: consulta con tu gestor administrativo.

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