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El abaratamiento del despido en la reforma laboral

Laboral

Sin duda, esta reforma laboral supone un cambio profundo de lo que hasta ahora suponía el equilibrio en el mercado laboral, produciéndose un nuevo desequilibrio de fuerzas al que hay que adaptarse y que, indudablemente, se inclina a favor del sector empresarial.

No cabe duda de que el sector empresarial venía demandando desde hace años, sin mucha fortuna, lo que ellos llamaban mayor flexibilidad laboral y otros llamábamos despido “barato”, pero lo que sí es cierto es que esta vez con la disculpa de la crisis económica se crearon las bases para conseguir el abaratamiento del despido disfrazado de flexibilidad laboral que nunca pensamos llegar a alcanzar y, además, sorprendentemente desde mi punto de vista, sin gran alarma social. Y digo esto porque tengo la sensación de que la sociedad no es realmente consciente de lo que va a suponer esta reforma en las relaciones laborales, fundamentalmente las de empresa-trabajador, no beneficiando en nada a ninguna de las partes.

Ojalá tuvieran razón y esta reforma sirviera para disminuir drástica y rápidamente la tasa de paro, pero si esto ocurre sin duda será a cambio de una mayor inseguridad y precariedad laboral. No habrá valido la pena.

Dos son las medidas clave de la que probablemente sea la reforma más profunda del Estatuto de los Trabajadores desde su aprobación en 1980 y marcan un antes y un después de la legislación laboral española. La primera rebaja la indemnización por despido improcedente del contrato indefinido ordinario de 45 días por año trabajado a 33 días; y la segunda y más importante, desde mi punto de vista, es que legaliza el despido con el coste más bajo de todos, el de 20 días por año trabajado con un límite máximo de 12 mensualidades, siempre que, según dice la ley, esté justificado y tenga causa. Y, ¿cuándo está justificado y tiene causa? pues se entiende que concurren causas económicas cuando de los resultados de la empresa se desprenda una situación económica negativa, en casos tales como la existencia de pérdidas actuales o previstas, o la disminución persistente de su nivel de ingresos o ventas. En todo caso, se entenderá que la disminución es persistente si se produce durante tres trimestres consecutivos.

Todos somos conscientes de que la situación económica en que nos encontramos sitúa a prácticamente la totalidad de las empresas en alguna de las causas económicas comentadas y la que todavía no está probablemente se encuentre en el caso de las pérdidas previstas, ¿qué empresa en este entorno económico no prevé pérdidas?.

Vemos cómo así se generaliza, por lo menos en estas circunstancias económicas, el despido por causas económicas, lo que supone amortizar los puestos de trabajo en un año. Sin duda es el momento de hacer  “limpieza generacional” en las empresas; despidamos a los trabajadores con más antigüedad, más caros y menos rentables para poder contratar posteriormente trabajadores más jóvenes, más rentables y más baratos. Dudo que se haya tenido en cuenta el coste social de este relevo generacional que ningunea la experiencia.

El proceso de contratación y el proceso de despido que siempre fueron independientes y prácticamente no había correlación entre ellos son convertidos en esta reforma en dos procesos totalmente relacionados, despido barato para posteriormente realizar una contratación más barata. No veo en la norma ni una sola cautela para los despidos de conveniencia.

Sinceramente, tengo todas las expectativas puestas en los juzgados de lo social, ya que hay alguna asociación de jueces que ya ha declarado que esta reforma constituye uno de los mayores ataques al derecho del trabajo y a las instituciones laborales. La jurisprudencia dirá.

Rosa María López Río. Gestora Administrativa y Economista.
Titular de la Gestoría Piloto y responsable de las áreas de fiscal y laboral.

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