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Despidos, contrataciones y convocatorias de plazas por Twitter

Laboral

El presidente de El Salvador, Nayib Armando Bukele Ortez, se ha descolgado en redes sociales ordenando a través de su cuenta de twitter a sus ministros que tomen determinadas medidas con respecto a la plantilla al servicio del estado. Despidos y contrataciones, asignación presupuestaria … Desconociendo el sistema de contratación pública en ese país, y menos en cargos que parecen tener el perfil de libre designación en un entorno de nepotismo, este no deja de ser un curioso ejemplo de uso de las redes sociales en ámbitos reglados con quizá una vocación de transparencia simplista (que no simplificadora) que no termina de encajar bien con las garantías formales propias de una relación laboral.  No todo lo que hace el presidente electo de un país resulta ser buena idea en la vida diaria.

Pensando en el marco legislativo español, el único despido que se puede hacer a golpe de twitter, whatsapp y sistemas de comunicación semejantes es un despido improcedente. Esto es, el tipo de despido que permite a un empleador ejercer el derecho a rescindir la relación laboral cuando quiera, y como quiera, a cambio de un precio previamente estipulado. Es un despido sin formalidades.

En el marco legislativo español, el único despido que se puede hacer a golpe de twitter, whatsapp y sistemas de comunicación semejantes es un despido improcedente.

En el resto de situaciones de finalización de la relación laboral, se ha admitido la comunicación por whatsapp, telegram o similar de la no superación del período de prueba o de no renovación del contrato temporal. Siempre casos en los que el trabajador se da por enterado de la situación. Los despidos que llevan a una indemnización más reducida en función de que haya una justificación para ellos -disciplinarios y por causas objetivas- requieren de unas formalidades de comunicación y un detalle para los que las redes sociales y los grupos telefónicos no están pensados.

Las organizaciones deben reflexionar sobre el uso y abuso de los nuevos canales de comunicación. Opiniones, órdenes y decisiones volcadas y tomadas en un grupo de whatsapp, en twitter, en Facebook … despidos, sanciones, organización del trabajo, cambio de turnos. Si bien es cierto es que las normas no están bien adaptadas a los tiempos que corren, la adaptación bajando el nivel de formalidades en la comunicación no es una buena idea. A menos formalidad, menos reflexión, más errores.

Además, no es exigible que el trabajador preste su terminal telefónica (ni su tarifa de datos) a los intereses de la empresa. Una organización que tenga un sistema de, digamos, control horario o comunicación a través de una app no puede imponer a sus empleados que la instalen en sus teléfonos, y, si lo hacen no les puede pedir actualización o mantenimiento. Ni siquiera que lo lleven al trabajo o penalizarlos porque lo hayan olvidado. El nivel de exigencia es proporcional al nivel de implicación que haya desplegado la empresa para darle medios al trabajador.

Seamos un poco más discretos y reflexivos que el presidente de El Salvador en la gestión de los recursos humanos. Sale a cuenta. Aunque no sea una cuenta de twitter.

No te quedes con ninguna duda: consulta con tu gestor administrativo.

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