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Despedida por hacerse la graciosa (a costa de otros) en Facebook

Despedida por hacerse la graciosa (a costa de otros) en Facebook
Laboral
Las redes sociales, en ocasiones, condicionan de forma patológica la vida de un número significativo de personas. En un absurdo empeño por poder publicar algo llamativo y tener una vida digital llena de “Me gusta” hay padres de familia que siguen sin reparo el Legado do Tibu, mientras que no dudan  en decirles a sus hijos que no deben tirarse de un puente solo porque sus amigos lo hagan.

La versión francesa del desafío ha causado al menos un muerto. Y una versión menos arriesgada de ser original y “divertida” en internet se ha cobrado un despido en Valladolid.

A la encargada de un supermercado de Valladolid le parecieron especialmente divertidas las imágenes de las aparatosas caídas de unas compañeras, que la cámara de seguridad de su centro de trabajo grabó.

A pesar de sus doce años de antigüedad en la empresa, no tuvo mejor ocurrencia -a mayor gloria de lo muy comentado que podría ser-, que tomar las imágenes (a las que tenía acceso precisamente por ser la encargada) y colgarlas en su muro de Facebook. Hay que reconocer que fueron vídeos comentados y con repercusión; la suficiente para llegar al jefe de Relaciones Laborales de la empresa, que a su vez lo comunicó a los responsables haciendo notar que: …. Te puedo confirmar que la encargada de Lupa 86 (…), ha colgado en su perfil de Facebook, dos vídeos de la tienda en los que se ve a sendas cajeras (…) cayéndose. Con los consiguientes comentarios jocosos, algunos de ellos realizados por personas de la empresa. -El problema es que esta muchacha utiliza, unas imágenes obtenidas de la cámara de seguridad de la empresa, para difundir imágenes de terceras personas, con lo cual podríamos tener problemas con protección de datos… –Además de utilizar y difundir unas imágenes privadas, propiedad de la empresa…,”.

La empresa en cuestión había cumplido diligentemente con su obligación de poner en conocimiento de los empleados la existencia de  las cámaras y además les había advertido que los medios electrónicos puestos a disposición de todos debían usarse de forma correcta, por lo que entendió que la trabajadora debía ser sancionada con el despido.

La representación letrada de la trabajadora entendió que las grabaciones obtenidas en el trabajo y colgadas en Facebook debían ser consideradas pruebas obtenidas de forma ilícita a efectos del despido y que vulneraban el derecho a la intimidad personal de la empleada, intentado apoyarse en una sentencia reciente del Tribunal Constitucional.

En la contundente opinión del Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León: “estos preceptos no han resultado infringidos en el presente supuesto, dado que no se ha producido la vulneración del derecho al honor y la intimidad personal de la trabajadora, ni tampoco las pruebas se han obtenido violentando tales derechos o libertades fundamentales. Para llegar a esta conclusión partimos de dos datos fundamentales: I) las imágenes no eran propiedad de doña Delfina, sino extraídas de las grabaciones de las cámaras de seguridad de su empresa, a la que ella tenía acceso como encargada (hecho probado séptimo); y II) la propia recurrente difundió las imágenes a través de una red social (cuenta de Facebook) dando así acceso a las mismas a una pluralidad de personas, alguna de las cuales las hizo llegar a la empresa. Así pues, difícilmente puede resultar violada la intimidad de una trabajadora que sin autorización de la empresa publica en una red social accesible -no consta que exista un control de seguridad para el acceso, según afirma la recurrida- a múltiples personas las grabaciones de unas compañeras de trabajo en situaciones que pueden resultar perjudiciales para su imagen”. Aquí la única intimidad vilipendiada fue la de las compañeras.

Gatitos, caídas y niños parecen ser éxito seguro en las redes sociales: lágrima fácil y reírnos de los torpes que son los otros. El éxito viral no garantiza que sean una idea brillante en la vida real, y menos cuando las imágenes son de terceras personas. El otro gran éxito es empezar con un “¿a qué no te atreves?”, una versión de “¿eres un gallina?” que tantos disgustos le dio a Marty Macfly en Regreso al Futuro (en las 3 partes).

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