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Confort térmico en el trabajo

Laboral

Estamos acostumbrados a que los medios de comunicación y el lenguaje común le llamen buen tiempo a temperaturas superiores a los 27 grados. Y que se denomine mal tiempo a cualquier circunstancia con lluvia. En lo que respecta al trabajo, temperaturas superiores a los 27 grados son mal tiempo y muchas circunstancias con lluvia son un tiempo excelente.

La temperatura, además de ser un gran tema de conversación para romper el hielo es un asunto del que se ha ocupado el legislador de forma específica, norma que se pronuncia con mucha más exactitud sobre  trabajos en locales cerrados que sobre trabajos al aire libre.

Estos días ha saltado a los medios de comunicación el caso de los centros de enseñanza de la provincia de Alicante, que tienen en muchos casos que soportar temperaturas en las aulas superiores a los 30 grados. La junta de centros, en nombre del personal que presta servicios en esas aulas, requirió a la Inspección de Trabajo para que parase las clases, ya que las temperaturas estaban en niveles de estrés térmico, de riesgo en el trabajo.

Su petición no tuvo éxito porque la Inspección Técnica entendió que debía evaluarse caso por caso (tenía la esperanza de que el diseño de alguno de los edificios hubiera tenido en cuenta la temperatura del lugar para el que estaban destinados). Lo curioso es que los políticos entendieron que no había motivo para suspender las clases y que la Inspección avalaba su gestión, cuando esta únicamente puso reparos a dar una orden genérica de cese de actividad sobre casos específicos.

El nivel de confort térmico depende de cada persona y del tipo de trabajo que desarrolla. La temperatura, humedad y velocidad del aire son condiciones ambientales medibles, pero la sensación subjetiva que la combinación causa en cada ser humano no.

No es infrecuente ver en un mismo centro de trabajo a una parte del personal en manga corta y a otra con la rebequita de lana. Medir el bienestar térmico va más allá del termómetro, si bien este marca unos límites básicos y fácilmente comprobables que la ley recoge.

La ley establece intervalos de valores de temperatura aceptables para el común de los trabajadores, esto es, obliga a acondicionar los espacios de prestación de servicios (cuando pueden estar cerrados):

    1.  Locales en los que se desempeñan trabajos sedentarios (oficina o similares): de 17 a 27ºC.
    2.  Locales donde se desempeñan trabajos de carga ligera: de 14 a 25ºC.

Donde no se pueda cerrar, o en los lugares de trabajo al aire libre, es necesario tomar medidas para que los trabajadores puedan protegerse de las inclemencias del tiempo. Hay actividades que deben ser desarrolladas con temperaturas altas o bajas fuera del rango (un obrador de panadería, una nave frigorífica…), para las que existen normas específicas.

Un nivel de temperatura adecuado no es un capricho, sino que es una medida de seguridad y salud básica que se refleja en el rendimiento y la eficiencia en el trabajo. Por lo que un nivel de temperatura es algo que se da en un lugar concreto en un momento concreto, muchas veces en condiciones que es previsible que se repitan.

Es evidente que el caso de los institutos alicantinos parte de un deficiente diseño de la edificación y sus equipamientos. También es evidente que, tanto alumnos como profesores, no son responsables de tal circunstancia y que no se puede trabajar ni estudiar en esas condiciones. Algunos los toman con humor, como los alumnos que han filmado este vídeo aprovechando la escuela de calor de Radio Futura.

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