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El calor como accidente de trabajo

Laboral

Estos días parte de España está bajo la influencia de las altas temperaturas. Como todos los años, en períodos más o menos prolongados de mayor o menor intensidad.

En tiempos de COVID-19, hasta parece haberse diluido como noticia en los medios. A ver, que poca noticia tiene algo que pasa todos los años, pero el verano informativamente solía ir a otro ritmo.

Calor y uso de las mascarillas

A esto del calor hay que añadir el uso de las mascarillas, que tampoco simplifica gestionar treinta y muchos grados de temperatura. El mensaje general de las autoridades, además de las distancias y las mascarillas, es hidratarse mucho, buscar ubicaciones de sombra, evitar hacer ejercicios intensos en las horas centrales del día.

Grandes consejos para niños y jubilados, difíciles de seguir para trabajadores en activo que deben continuar con sus quehaceres. Incluso quienes trabajan en locales (oficinas, naves industriales, instalaciones de todo tipo) tienen que ser conscientes del riesgo, del impacto de los cambios bruscos de temperatura y de trabajar a temperaturas elevadas, sin contar con que este verano el uso indiscriminado de los aires acondicionados está puesto en cuestión por la inseguridad que tenemos sobre los mecanismos de transmisión del coronavirus.

Aclimatación y tipos de trabajo

Hay trabajos en los que el calor viene de serie, como los de extinción de incendios, trabajos en una fundición, panaderías, acerías, parte de los procesos de las fábricas de conservas…; son condiciones de la propia tarea. Después los hay que no generan un estrés térmico específico pero que deben realizarse por su propia naturaleza en parte o totalmente al aire libre (construcción, hostelería, logística…)  y se ven afectadas por el agobio veraniego.

Hay trabajos en los que el calor viene de serie, después hay los que no generan un estrés térmico específico pero que deben realizarse al aire libre y se ven afectados por el agobio veraniego.

La aclimatación al calor no se consigue de forma inmediata. Es un proceso gradual que puede durar de 7 a 14 días. Durante el mismo, el cuerpo se va adaptando a realizar una determinada actividad física en condiciones ambientales calurosas.

El primer día de trabajo, solo se debe trabajar en esas condiciones la mitad de la jornada. Después, cada día, se irá aumentando un poco el tiempo de trabajo (10% de la jornada normal) hasta llegar a la jornada completa. Los aumentos de la actividad física del trabajo o del calor o la humedad ambientales requerirán otra aclimatación a las nuevas circunstancias.

Vacaciones o baja prolongada

Cuando se deja de trabajar en esas condiciones durante tres semanas como, por ejemplo, en vacaciones o durante una baja prolongada, se puede perder la aclimatación al calor. Ello implica que es necesario volver a aclimatarse al incorporarse nuevamente al trabajo. También se necesitará una nueva aclimatación si la actividad, el calor o la humedad aumentan bruscamente o hay que empezar a usar EPI.

El lector nos dirá que una parte significativa de la población española está habituada de serie al calor, con lo que ya vamos casi aclimatados de serie. Muchas actividades que se desarrollan en esas latitudes tienen un horario de verano diferente, que busca escapar de las horas de mayor calor. Ahora bien, lo cierto es que todos los  años fallecen trabajadores por golpes de calor . No lo perdamos de vista.

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