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BREXIT? BRENTER? BRSTAY?

Extranjería

Siguiendo los postulados de Marie Kondo (o de cómo convertir un TOC en lucrativa filosofía de vida), los ciudadanos del Reino Unido hace casi tres años echaron un vistazo a su armario político y decidieron que la Unión Europea era un cachivache de cocina del que podían prescindir, ya que las salsas y los potajes que de ahí salen serán alternativas sanas y variadas, pero no están adaptadas al austero y peculiar gusto británico. El tema ahora es que la despedida amable dándole las gracias por lo aportado en la vida no les acaba de encajar del todo, por lo que la UE sigue ocupando sitio en el armario político, un sitio cada vez mayor que no hay forma de reducir por muchos pliegues que se intenten. Cuando más intentan doblarla menos cabe en parte alguna y un número significativo de los ciudadanos ni siquiera quiere librarse de ella. Para ser justos, lo que tiene mérito es mantener el orden teniendo muchas cosas, no teniendo pocas.

Hace casi tres años comentábamos que no confiábamos mucho en el talento político implicado en la negociación. Como muestra del despropósito, el parlamento británico ha aprobado en los últimos quince días una resolución que niega al gobierno la capacidad de salir de la UE sin acuerdo y ha rechazado el acuerdo que se propone, sin garantía alguna de que vayan a tener otra propuesta.  Y esto lo han hecho el mismo grupo de personas a los que se supone bien formados y parte de lo más granado de la élite intelectual. Como resulta que no pueden impedir que la UE les diga que ya no son considerados parte de los miembros de la organización (que al final es lo que ellos han pedido), en el fondo lo que se han limitado es la capacidad de destinar fondos o diseñar estrategias que comporten gasto para paliar los efectos de una salida de la UE sin acuerdo.

¿Qué deberían hacer todos aquellos ciudadanos británicos radicados en España? Los que están trabajando, registrados como residentes con un certificado de ciudadano de la Unión, confiar en que sus dirigentes sean conscientes de que serán tratados tal como en el Reino Unido traten a los ciudadanos comunitarios que trabajan en UK. Los que nunca se han molestado en decir oficialmente que pasan gran parte de sus días aquí, deberían plantearse dar un paso adelante y ser parte de los datos oficiales.

Habrá en estos últimos un grupo que no quiere perder la residencia fiscal británica por temas sentimentales generalmente ligados a impuestos, rentas, herencias y cuestiones semejantes. Han desdibujado la realidad hasta ahora con flema británica, pero tienen un problema. Su residencia efectiva en España de nueve meses de cada doce no consta en parte alguna, en teoría ocurre exactamente lo contrario. No hay régimen transitorio que aplicar, porque no son más que turistas y que tengan una casa aquí puede salvarles solo si es una inversión de medio millón de euros y el estado español decide reconocerles la posibilidad de pedir un permiso de residencia como inversores. Eso les pone fiscalmente en otro país. Y a quienes no lleguen a esos niveles económicos, les queda régimen general de extranjería, que no es una legislación administrativa amable. O cambiar el clima y la gastronomía digamos de Málaga por los de Plymouth. O consultar con un gestor administrativo y echar cuentas.

Si llevan 10 años de residencia continuada en España y han adquirido un cierto dominio del idioma (del castellano, entiéndase) quizá debieran pensar en pedir la nacionalidad. No es algo que les vayan a dar inmediatamente, si bien nuestros requisitos son menos farragosos que los suyos. Y sí, se puede vivir más de 10 años en España sin apearse del inglés, y sin que a nadie se le pase por la cabeza decir que estás mal integrado y que deberías volver a tus islas de origen.

Pues aquí estamos, con el artículo 50 del Tratado de la Unión en marcha, una inseguridad jurídica sin parangón que afecta a personas y transacciones, y 66 millones de británicos que acaban de caer en la cuenta de que el 85% del papel de baño que utilizan en las islas es importado.

What a time to be alive.

No te quedes con ninguna duda: consulta con tu gestor administrativo.

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