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Artículo 7.p) LIRPF: ¡O que fode é a insistença! (Rey D. Dinis dixit)

Artículo 7.p) LIRPF
Espacio Tributario

N (me limitaré a identificarlo así, para preservar su intimidad) es un profesional cualificado, ya con unas cuantas décadas de buen hacer a sus espaldas, lo que le ha hecho acreedor de un puesto de responsabilidad en una multinacional. Tan es así, que su “know-how” personal traspasa nuestras fronteras y se proyecta sobre otras filiales del grupo ubicadas en el extranjero, tareas que le obligan a pasar bastantes -muchos- días cada año fuera de su casa. N es, además, muy buen amigo mío (de los mejores) y, por si ello no fuera ya bastante, esa amistad se remonta a nuestra más tierna infancia, siendo así que ya ha transitado sólidamente por las estaciones de la adolescencia, juventud y la de la actual madurez. No es poco.

La cuestión es que N hace tiempo que tiene un “alien” en su vida; y, tratándose de un “alien” tributario (para más señas, la AEAT) ha recabado mi apoyo para sobrellevar algo mejor esa inesperada compañía. Como antes decía, entre sus responsabilidades laborales está la de asumir tareas en varias filiales sitas en el extranjero, circunstancia que le animó a aplicarse el artículo 7.p) de la Ley del IRPF, que es el que ampara la exención de hasta 60.100€/año si concurren las siguientes circunstancias:

1º. Que dichos trabajos se realicen para una empresa o entidad no residente en España o un establecimiento permanente radicado en el extranjero en las condiciones que reglamentariamente se establezcan. En particular, cuando la entidad destinataria de los trabajos esté vinculada con la entidad empleadora del trabajador o con aquella en la que preste sus servicios, deberán cumplirse los requisitos previstos en el apartado 5 del artículo 16 del TRLIS.

2º. Que en el territorio en que se realicen los trabajos se aplique un impuesto de naturaleza idéntica o análoga a la de este Impuesto y no se trate de un país o territorio considerado como paraíso fiscal (…)”.

Y, dirán ustedes, ¿qué es lo que hace el caso de su amigo merecedor de ese análisis que aquí se le dedica? Bueno, varias cosas y todas ellas relevantes. Verán:

-. Ya hace 5 años que la AEAT se empecina en comprobar -ejercicio a ejercicio- la ortodoxia de la exención del 7.p) que él invoca. Recordemos que la genuina razón de ser de esta exención no es otra que alentar -desde una perspectiva fiscal- la tan cacareada y anhelada internacionalización de la empresa española, siendo así que por esta vía se aligeran sus costes laborales.

Siendo esto así, parece que puede ser hasta lógico que la AEAT compruebe -como cualquier otra exención- la concurrencia de los requisitos legalmente exigidos para su disfrute. Hasta ahí, obviamente, nada que objetar. Pero lo que ya no parece de recibo (a mí, al menos, confieso, no me lo parece) es que esa comprobación se haga un año sí y otro también, y al siguiente, también, y al otro, y al otro…, incurriendo en una cansina cadencia que provoca la supervisión continuada y perenne de lo declarado y -¡además!- de lo declarado correctamente.

-.Y esa perseverancia en velar por el crédito tributario, adquiere ya tintes patológicos cuando resulta que en esas legítimas tareas de comprobación, la AEAT solicita la aportación de pruebas diabólicas (no otra cosa es acreditar la concurrencia del beneficio reportado a la filial por el trabajo por él desempeñado; siempre escapando de las tareas propias de la supervisión del “accionista”, genuino agujero negro que pone en peligro la exención) o esgrime argumentos del todo peregrinos en la defensa de sus pretensiones; forzando a un escenario donde se alumbra una peligrosa dicotomía: si el 7.p) está bien aplicado, lo que está mal es la política de precios de transferencia del grupo; o a la inversa (“que me da igual, que me da lo mismo”; que diría el castizo). Es decir, que el contribuyente siempre estará en la casilla equivocada…; salvo, salvo -¡claro está!- que venga el 7º de Caballería (aquí bajo la forma de la Magistratura) a poner pie en pared y, así, frenar esas desmedidas aspiraciones de la AEAT: “no deja de ser curioso como de la claridad de la norma deduce la AEAT una serie de sucesivas exigencias restrictivas que hacen casi de imposible aplicación el artículo 7.p)”.

-. Pero cuando el asunto ya supera lo admisible, cuando ya alcanza cotas impropias de un Estado de Derecho es cuando N gana año tras año (ejercicio a ejercicio) los litigios que emprende frente a las pretensiones de la AEAT: que si falta de motivación, que si los argumentos esgrimidos por la AEAT no desvirtúan las pruebas aportadas, que… Lo estrambótico es que esos repetidos éxitos litigiosos de N no arredran a la AEAT -¿quizá por aquello de que dispara con pólvora del rey?- que, lejos de rendirse, sigue perseverando en su pretensión que -y aquí es donde quería llegar- ya parece tan irracional como inútil. Es obvio que el “coste de oportunidad” no parece un ingrediente a introducir en la siempre compleja relación jurídico-tributaria, pero ¿tiene sentido -desde la perspectiva del eficiente uso de los siempre limitados recursos públicos- insistir una y otra vez en una regularización a un contribuyente que, aunque siempre relativa a ejercicios distintos, resulta repetidamente contraria a las pretensiones de la AEAT? ¿No debería, en tal escenario, focalizar su atención en otros contribuyentes y, en su caso, en otros debates? Llegados a este punto, comprenderán que es más que lógico que N entienda que la AEAT es el peculiar “alien” que parece comparte con él esos desplazamientos al extranjero; tan asfixiante es ese grado de control que uno siente hasta tentaciones de invitarle a que le acompañe y compruebe in situ cuáles son las tareas que aborda en sus visitas a las empresas foráneas del grupo.

-. Dicho esto, esa machacona insistencia de la AEAT en comprobar -una y otra vez, sin obtener nunca un euro a cambio; todo lo contrario, pues ya ha debido abonar intereses de demora sobre los importes que el contribuyente legítimamente reclamaba- el cumplimiento fáctico de los requisitos legales, me lleva a otra reflexión no demasiado ajena a las “praxis” que vivimos en Celtiberia: los políticos de turno, en su magnanimidad, nos venden las bondades que “vomitan” en el BOE que, a modo de dádivas, van dejando caer como migajas a favor de los sufridos contribuyentes; ya más súbditos que ciudadanos. El problema surge una vez publicado en el BOE (y, así, ya cumplido el efecto de “Telediario” que se busca): ¿no se habrá creído usted que iba a ser fácil disfrutar de esa decisión (léase exención, subvención, etc.), no? Aquí está la Administración para aplicar la “letra pequeña” y buscarle las cosquillas en su aplicación práctica… Pero no se preocupen, que aún hay próceres públicos que sostienen que somos los asesores fiscales los que nos valemos de esa misma “letra pequeña” para decirle a los clientes “cómo pagar menos de lo que les corresponde”. En fin…

Cuenta la leyenda que acudió a la corte del rey Don Dinis de Portugal (1261-1325) un noble gallego de apellido redundante: Carallo do Carallo. Cuando el asistente de cámara del rey le anunció a este la visita, el monarca frunció el ceño mostrando cierta contrariedad. Preguntó el edecán si había algún problema en recibir al ilustre visitante galaico, a lo que D. Dinis respondió que inconveniente, como tal, ninguno, pero “o que fode é a insistença”. Pues eso.

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3 Comentarios

  1. D. Javier, un placer leerle, como siempre. Yo he tenido un poco más de suerte, y a uno de mis clientes le venían reconociendo la exención (previa aportación de todo tipo de papeles, tickets, tarjetas de embarque, visados en pasaporte y certificados de empresas extranjeras diciendo lo que hace en el extranjero), pero este año debe haber cambiado el funcionario que mira sus papeles, o ese día se levantó de mal humor, y le han denegado la exención con el formidable argumento de que “como su puesto es el de Director de Desarrollo de Mercados el viajar está dentro de sus funciones”. No digo más.

  2. Muchas gracias, Dña. Luisa, por sus loas (siempre exageradas) y el humor con el que se toma esas “cuitas” con la AEAT. ¡Ánimo en la lucha diaria que nos toca!

  3. Gran artículo Sr. Gómez, D.Javier, desde que lo conozco y sigo sus publicaciones (lástima de haber trabajado con usted y su equipo un muy corto espacio de tiempo)trata como siempre, nada inusitado, dicho sea de paso, con gran acierto y dosis de optimismo la problemática tributaria que nos toca a los de a pie. Llevo dos años residiendo y trabajando en USA y creo que puedo a llegar a ser otro individuo N+1 que conviva con ese ser aunque mis “Tax Return” ahora no pertenecen a España es posible que me visite con caracter indefinido. Aunque viva en terreno donde los Aliens por muchos motivos son comunes seguro que me dará quebraderos de cabeza y bolsillo.

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