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El accidente de trabajo en misión

Accidente de trabajo en misión
Laboral

Los accidentes de trabajo tienen una cierta variedad de definición que la ley no ha dejado bien resuelta (artículo 115 de la Ley General de la Seguridad Social).

Está el accidente de trabajo típico:

  • Un carpintero que se sierra dos falanges del dedo anular de la mano izquierda (en mi familia yo tengo cuatro carpinteros y tres de ellos se han serrado parte de un dedo de la mano izquierda; el que conserva las manos en su configuración inicial, curiosamente, es zurdo).

Está el accidente de trabajo “in itinere”, en versión fácil de ver y en versión ampliada:

  • Trabajadora que es atropellada en el paso de cebra que queda frente a la puerta de su oficina, tres minutos antes de la hora de entrada habitual.
  • Trabajador que se desplaza atravesando cuatro provincias para incorporarse a su puesto de trabajo al día siguiente.
  • Trabajador que es asesinado por un compañero antes de coger el coche que compartían para ir al centro de trabajo.

Y está el accidente de trabajo en misión, que es el que sufre el trabajador cuando está temporalmente desplazado y con una conexión directa con el trabajo. Por ejemplo, no es accidente de trabajo en misión el que sufre un trabajador que aprovecha para hacer parapente, solo porque se haya estrellado en otro continente en el periodo en el que estaba trabajando como fontanero.

Fuera de los supuestos evidentes, el encajar el accidente en misión es francamente complejo. Para muestra de complicación interpretativa sobre este asunto, una sentencia del Tribunal Supremo de junio de este año que acoge como accidente de trabajo la muerte por legionela contraída en Bangkok por un montador de mobiliario comercial allí desplazado por su empresa de Valencia.

Llega a Bangkok el 11 de agosto, se empieza a encontrar mal el día 17, el 25 regresa a España con fiebre y proceso diarreico y el 29 de agosto fallece. Dado que la legionelosis tiene un proceso de incubación entre dos y diez días y la incidencia de la enfermedad en Tailandia, se entiende que allí la contrajo.

El Tribunal razona que: “Si el trabajador -contagiado en Bangkok- no se hubiese desplazado por motivos laborales a Tailandia, tampoco hubiese padecido la enfermedad del «legionario»; al menos, atendiendo al orden natural de las cosas y al hecho de que tal patología resulte ser episódica en nuestro país”. Siendo el desplazamiento por trabajo condición sin la cual no hubiese contraído la enfermedad que le produjo la muerte, resulta ser un accidente de trabajo.

Para llegar a esta conclusión en apariencia clara, el Tribunal ejecuta cinco páginas de giros argumentales que obligan a leer la sentencia con un lápiz y un folio e ir haciendo esquemas. Y de hecho hay un voto particular que, entre otras cosas, cuestiona que esa sentencia siga la línea jurisprudencial restringida que se había consolidado hasta ahora. Y se pregunta una por qué el legislador no ha definido mejor los supuestos, lo que evitaría una parte relevante de los problemas y arabescos jurisprudenciales.

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